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¿Quiénes somos como líderes?

¿Quiénes somos como líderes?

El potencial de liderazgo está latente en nosotros mismos y “liberarlo” depende de poder identificar con qué herramientas contamos, qué nos ha dado la naturaleza y qué utilizamos en nuestro recorrido de vida para ser la persona que somos.

Autor
Thomas Köttner, Director CoachReady

Hay una creencia de que lograr que otros hagan algo que nosotros queremos es liderazgo. Puede haberlo sido una vez, pero tal vez no haya una segunda.

Liderar no es solo imponer o imponerse. Liderar no es solo dirigir, aunque pueda haber ingredientes de esto. LIDERAR ES INFLUIR.

Influyo en las personas de un modo tal que con mi sola presencia y acción, las personas eligen por si mismas seguirme.

Todos seguimos a algún líder en determinados campos de nuestra vida. Porque nos inspiran, porque los admiramos, porque creemos que saben a dónde van en momentos en que nosotros no lo sabemos.

El líder lidera a quienes quieren seguirlo, no a los que obliga a hacer lo que él dice. Esto último, en el mejor de los casos es lo que hace un jefe que tiene posición formal para exigir, pero que no es un líder.

Por más que en nuestro alrededor pasen cosas, nuestra vida es ante todo un fenómeno interpretativo. En el mundo pasan cosas, pero lo que a nosotros nos pasa por dentro con esas cosas puede ser diferente. Por eso decimos que hay interpretación de por medio.

Esto hace que nuestra presencia no nos viene dada desde afuera, sino que se genera de adentro hacia afuera. Por eso necesitamos tomar CONSCIENCIA.

Mirar hacia adentro

Consciencia es lo más íntimo que tenemos. Es la conexión con nuestro espíritu. Cuanto mayor sea esa conexión, más sabremos sobre nosotros mismos y sobre nuestros activos como líderes.

Liderar es influir a partir de lo que tengo. A partir de mis talentos, de mi personalidad, de mis conocimientos, desde mi voluntad y poder de acción.

Conocerme a mí mismo implica conocer mis aspectos espirituales, mentales, psíquicos, biológicos. Somos OBSERVADORES diferentes de lo que ocurre, por ello hablamos del observador en cada quien.

A cada uno nos son dados ojos diferentes (biología), y “lentes diferentes” (interpretación cultural) para mirar lo que ocurre.

Necesitamos conocernos desde adentro, nuestra cultura, para saber que cuando diferimos con el otro esto ocurre desde adentro y no desde las posiciones exteriores que cada uno toma.

Nuestras observaciones, nos hacen emitir OPINIONES O JUICIOS, que son los mapas con los cuales nos movemos en la vida.

Miro (fenómeno óptico), interpreto (fenómeno cultural) y para que lo observado sirva para algo en la vida y en mi mundo, lo bajo a un “mapa” que son las opiniones que emito. Opiniones sobre lo bueno y lo malo, sobre lo que conviene y no conviene, sobre lo bello y lo feo, sobre lo grande y lo pequeño.

Pero ese mapa no es el territorio mismo. El territorio es la realidad externa. El mapa es lo que me permite moverme, con mayor o menor éxito, en esa realidad externa.

Una brújula natural

Al crear ese mapa, influyen mucho nuestras EMOCIONES, que son reacciones de nuestro sistema nervioso a los eventos externos que percibimos.

Las emociones nos permiten defendernos y sobrevivir (en el caso del miedo) y nos permiten actuar hacia lo que deseamos lograr (a través del amor)

Amor y miedo son nuestras emociones básicas, genéticamente instaladas, y todas las demás se agrupan positivamente bajo alguna de estas dos.

Las emociones nos sirven como sensores que nos hacen avanzar o frenar en la vida. Cuando tengo miedo freno, cuando amo avanzo. Las emociones negativas me frenan, las emociones positivas me impulsan.

Cuanto más me conozco a mí mismo, más veo mis limitaciones. Descubro que me faltan atributos, conocimientos, capacidades, etc., para hacer todo por mí mismo. Necesito de otros para poder desarrollarme en la vida.

Aparece entonces la HUMILDAD. Aquello que me hace consciente de mis limitaciones y que, para alcanzar lo que pretendo, necesito colaborar con otros. Descubro capacidades y competencias en otros que yo no tengo, y observo que tengo algunas que no detecto en ellos. Tal vez juntos podríamos entonces, estar equipados para lograr algo que cada uno por su cuenta no podría.

Así nace toda sociedad. Por complementariedad de características, atributos y competencias. Solo juntos podemos lograr lo más ambicioso que entre todos queremos.

Comienzo a tener consciencia de mi estar relacionado. Cuando aparece el otro, los otros, en mi ecuación, aparece mi ser social. Sé que necesito al otro y los otros y que, probablemente, el otro y los otros me necesitará/n a mí.

Soy con otros

¿Cómo me reúno con ellos?, ¿cómo se con quién juntarme? Voy observando cosas y veo sus comportamientos. Veo que repiten comportamientos que me agradan o que me desagradan.

Esa repetición que me agrada, torna a esa persona previsible, y esa previsibilidad me hace sentir conectado a esa persona. No necesito temerle, no representa una amenaza ni a mi integridad física ni a mis intereses de vida. Descubro que tengo CONFIANZA en esa persona.

Tendemos a creer que la confianza es solo un sentimiento, pero antes de que ese sentimiento se produjera hubo todo un proceso de observación que me aseguró la previsibilidad de esa persona.

La confianza es el adhesivo básico de toda sociedad humana. Es lo que le da previsibilidad y actitudes positivas y no defensivas a la relación entre dos o más personas.

La confianza se puede fortalecer y consolidar o se puede reducir y destruir. La confianza depende del cumplimiento entre las partes de lo que cada una espera de la otra.

¿Cómo saber si puedo sostener la confianza que el otro tiene en mí? Aquí aparece en mí la consciencia de INTEGRIDAD. Es la integridad lo que sostiene la previsibilidad.

Pienso lo que pienso, actúo como actúo y digo lo que digo por quien observo en ese momento que soy. Soy ese cumulo de creencias, valores, experiencias, conocimientos que me constituyen.

Soy integro cuando actúo conforme a esos factores internos. Soy integro cuando digo lo que pienso y luego hago lo que digo. Soy integro cuando mi comportamiento no cambia cuando me miran o no me miran. Hago lo que hago porque creo que es lo correcto para mí, no solo para los demás.

Esa integridad me hace confiable para el otro.

Estar atento a lo que ocurre

Ahora bien, ¿qué hace confiable al otro para mí? ¿Cómo conozco al otro? Puedo observar sus acciones, pero ¿cómo sé si están alineadas con lo que siente y piensa? ¿Cómo conozco su propia integridad o la carencia de ella?

Aquí aparece el fenómeno de la ESCUCHA.

Necesito escuchar con atención y dedicación lo que el otro dice. Necesito atender a lo que manifiesta.
Una vez más hay aquí un fenómeno interpretativo que tiene que ver con mi cultura, con mis creencias.
El otro dice lo que dice, yo oigo (fenómeno biológico a través de mis oídos) lo que dice, y le doy, le construyo sentido a través de mi interpretación (fenómeno cultural relacionado a mis creencias) de lo que dijo.

Al otro le pasa lo mismo. Oye e interpreta. ¿Qué pasa cuando las interpretaciones hacen que entendamos algo diferente a lo que el otro quiso decir? Aquí comienzan los desacuerdos y desencuentros.

Tendemos a creer que lo que entendimos es lo que se dijo y actuamos de inmediato en función de eso. Luego vienen los problemas. El otro hizo otra cosa que lo que le pedimos. El otro fue a un lugar diferente de donde acordamos encontrarnos. De allí que es tan importante la acción de escuchar.

Escuchar con atención. Escuchar para entender, para comprender, y no solo para contestar o accionar de inmediato. ¿Qué me está diciendo el otro con sus palabras, con sus gestos, con sus miradas, cuando dice lo que dice? Y cuando no estoy seguro, pregunto, reviso, constato, si lo que entendí es lo que me quiso decir.

Conocerse es si mismo es algo tan personal e íntimo de cada quien que no podemos aquí hacer afirmaciones. Solo cabe hacernos preguntas que nos guíen en el camino del descubrimiento de cada uno como potencial líder.

El camino del liderazgo comienza por uno mismo. Es un camino de consciencia.