¿Qué tanto te afectan las opiniones ajenas?

¿Qué tanto te afectan las opiniones ajenas?

“Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe”

Friedrich Dürrenmatt

Todos estamos bajo la lupa. De manera constante, los demás juzgan nuestros actos, ideas y sentimientos, y nosotros evaluamos los suyos. Tarde o temprano todos nos enfrentamos a la crítica: tu jefe te da retroalimentación sobre tu desempeño, tu profesor resalta tus errores en el trabajo entregado, tu novia te hace ver lo mal que te portaste en la cena con su familia. Así es, no tienes control sobre las valoraciones ajenas sobre ti. Pero sí tienes control sobre tu respuesta a éstas.

Hay quienes han aprendido a lidiar con la crítica y quienes son más sensibles a ésta. Los más sensibles sobre-reaccionan, gritan, lloran o se ponen a la defensiva. ¿Por qué es así? Sobre-reaccionan porque la desaprobación activa en ellos inseguridades básicas y recuerdos dolorosos de experiencias estresantes anteriores, como reproches y castigos severos en la niñez. Lloran porque no saben lidiar con lo inesperado. Se ponen a la defensiva porque su ego herido responde con indignación: “¿Cómo pueden decir que soy explosiva, yo que soy toda calma?”.

Todos tenemos cierto grado de sensibilidad a la opinión ajena. Y no hay razón para avergonzarse. Sin embargo, si lo deseas, puedes desarrollar la habilidad para sacar el mayor provecho de los juicios de que eres objeto. A continuación encontrarás algunas ideas para superar tu susceptibilidad a la valoración ajena.

Todas las opiniones son válidas. Es común que los demás se formen una opinión de ti, de tu trabajo y de tu forma de actuar y pensar. A algunos les agrada tu estilo y a otros no, a unos les caes bien y a otras personas les pareces antipático. Es imposible agradar a todos. Y esto lo sabes muy bien.

“Las críticas positivas son las peores. Te desorientan más que las negativas porque sólo alimentan tu ego. Entonces, lo único que quieres es más”
Chazz Palminteri

Es más fácil aceptar los juicios cuando éstos son positivos, cuando te dicen que eres apuesto, que eres una persona generosa y que te consideran una buena pareja o un empleado ejemplar. En general, escuchas y aceptas estas ideas con gusto, pues muchas veces concuerdan con tu propia apreciación.

Pero, ¿por qué no aceptamos de buen grado las opiniones que no coinciden con las propias? La cuestión está en que evaluamos las opiniones como buenas o malas. Aceptamos con facilidad las positivas y nos resistimos a admitir las negativas, con lo que perdemos una buena parte de la retroalimentación recibida. La clave está en quitarles la etiqueta de bueno o malo, en escucharlas de manera neutral, asimilarlas y ver qué podemos extraer de éstas. El siguiente es un relato chino que, precisamente, trata sobre esa tendencia a la evaluación constante de nuestras vivencias.

La felicidad de un granjero dependía básicamente de dos cosas: lo que le sucediera a su caballo y a su hijo. Un día, al despertar, descubrió que su caballo se había escapado. “Qué malo”, dijo y se deprimió. Sin embargo, cuando se levantó al día siguiente, el caballo estaba de vuelta, así que el granjero dijo, “Qué bueno”, y se puso muy contento. Un día después, mientras cabalgaba, su hijo se cayó del caballo y se rompió una pierna. Una vez más, el granjero dijo, “Qué malo”, y se hundió en su pena. Pero al siguiente día, el ejército llegó a la aldea y se llevó a todos los jóvenes sanos para que lucharan en la guerra. Y, claro, dejaron al hijo del granjero, porque tenía una pierna rota. Entonces, el granjero dijo, “Qué bueno”, y se encontraba lleno de gusto.

A veces, lo que a primera vista parece un contratiempo, es una bendición disfrazada. Y lo que parece bueno a primera vista es realmente perjudicial. El granjero estaba en una montaña rusa emocional a causa de las etiquetas de bueno o malo que ponía a cada suceso.

“Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas”
Tácito

Si te es muy difícil aceptar el comentario ajeno, o tu reacción emocional es desproporcionada, quizás haya algo de verdad en lo que escuchas. Dale a la crítica el beneficio de la duda: quizás sí actúas de manera imprudente cuando bebes alcohol; a lo mejor sí te comportas un poco obsesivo con respecto al orden en casa; posiblemente sí tiendas a llegar un poco tarde a las reuniones de trabajo. Admitir que hay cierta verdad en lo que te dicen puede ser doloroso, pero también es una buena oportunidad para hacer cambios a nivel personal.

Ahora bien, en muchas ocasiones, lo doloroso no es lo que otros dicen, sino cómo lo dicen. Si este es el caso, lo pertinente es admitir lo acertado de la opinión y pedirles que digan las cosas de una forma más respetuosa. Generalmente, esto es posible en el trabajo y en la escuela, con los amigos o la pareja.

Estas son formas de utilizar la crítica a tu favor. Entre menos sensible seas a los juicios de otros, más fortaleza tendrás para hacer frente a las situaciones difíciles.

Autor: Victor jimenez*
Fuente: El universal
Articulo recuperado de internet

*Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América. Especialista en Tanatologí­a y formación en Psicoterapia Cognitivo Conductual.