La fórmula mágica de la paciencia

La fórmula mágica de la paciencia

“Lo que distingue al hombre del animal no es la inteligencia, es la facultad de esperar”

André Kédros

No hay una fórmula mágica para que te conviertas en una persona más paciente. Curiosamente, aprendes a ser paciente actuando pacientemente. No hay otra opción. Si quieres fortalecer el músculo de la tolerancia, es necesario que te ejercites continuamente en esta cualidad. Aquí encontrarás algunas ideas para cultivar la paciencia:

Practica “en pequeño”. Aprovecha cada oportunidad que se te presente para entrenarte, por ejemplo, mientras esperas a ser atendido en el banco o en una tienda. Con la práctica constante, pronto estarás jugando en las grandes ligas de la paciencia.

Respira. Cuando te sientas impaciente, recurre a la respiración para relajarte. Haz inhalaciones profundas y exhalaciones lentas. Recuerda inflar tu abdomen al inhalar, esto hace tu respiración más profunda y pausada. Para reducir el estrés y la ansiedad, respira. Poner atención a tu respiración te ayuda a estar más tranquilo y funciona como distractor. Otra forma de distraerte de la impaciencia y de los pensamientos asociados con ésta es contar del número diez al uno: 10. . .9. . .8. . .

Déjalo ir. Hay muchas cosas que salen de nuestro control, por ejemplo, la aparición de los resultados de un examen a la universidad o de una entrevista de trabajo. No hay nada que puedas hacer para apresurar la publicación o el aviso. Algunas personas creen que si se preocupan obsesivamente o se tensan van a lograr que las cosas sean diferentes, pero naturalmente no es así. Suelta aquello sobre lo que no tienes control.

Ejercítate descansando. Aprende a ser paciente: no hagas nada. Tómate unos momentos a lo largo del día para simplemente descansar. Es probable que te pongas ansioso, pero es importante permanecer sin actividad el tiempo que te hayas propuesto, pues es así que fortaleces tu capacidad de espera. Puedes comenzar con un minuto o dos y poco a poco incrementar el tiempo de “hacer nada”.

Conversa contigo mismo. Repite mentalmente lo siguiente: “Las cosas no siempre son como te gustaría que fueran“. La impaciencia se aprende en casa. Si tus padres siempre te procuraban todo lo que necesitabas de manera inmediata, es más probable que actúes de manera intolerante. Aprender a retrasar la gratificación te ayuda a tener más calma y seguridad. Para ver formas en que puedes aprenderlo. Saber esperar tiene sus recompensas.

Ocupa tu mente. Mientras esperas a ser atendido en el doctor o a que tu hija termine la tarea, lee un libro, escucha tu ipod, observa lo que sucede alrededor, pon atención a la gente, piérdete en tus fantasías (siempre y cuando no sean fatalistas). Con creatividad, puedes encontrar formas de disfrutar la espera.

Atrápate en el acto. Cuando te sientas impaciente, concéntrate en las sensaciones de tu cuerpo. Identifica si estás tensando la quijada, los hombros. Es probable que contraigas el abdomen, juegues con lápiz, golpetees la mesa con tus dedos o muevas el pie impacientemente. Trata de descubrir qué te dicen estas acciones. ¿Qué pensamientos hay detrás de ellas? ¿Te son de ayuda esos pensamientos? ¿Te hacen sentir bien?

Usa auto-sugestión. Recuerda las ocasiones en que has sido paciente. ¡Habrá por lo menos una! Repite: “Soy perfectamente capaz de actuar pacientemente, así que me mantengo tranquilo“. Este tipo de afirmaciones funcionan porque al decirlas o pensarlas envías el mensaje a tu subconsciente, de tal forma que te convences de que lo que afirmas es verdad y comienzas actuar de acuerdo con esta creencia.

A veces nos portamos intolerantes porque tenemos demasiadas cosas qué atender, porque no organizamos nuestro tiempo o porque no sabemos priorizar. En otras ocasiones, nos ponemos impacientes si otros no entienden lo que deben hacer. Detrás de la impaciencia está el afán de control y una tendencia al perfeccionismo. Llevar un diario de las emociones que vamos experimentando en ciertas situaciones o con algunas personas nos puede servir para conocernos mejor y modificar aquello con lo que no nos sentimos a gusto. La paciencia puede ser una de las cualidades que podríamos cultivar.

Autor: Victor Jimenez. Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América
Fuente: El Universal
Artículo recuperado de internet