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Emociones

¿Miedo a no lograr las metas?

Muchos ejecutivos con posiciones de mando se enfrentan a la realidad del miedo, el temor, la incertidumbre o la duda de fallar en la consecución de las metas que se les asignan. Lee este artículo para que aprendas por qué sucede esto y cómo desarrollar formas más saludables de manejarlo.

 

El miedo, desde el punto de vista emocional, tiene como intención protegerte de alguna amenaza a tu alrededor. Si te avisan en tu oficina se está incendiando, el miedo te preparará física y mentalmente para huir y salvar tu vida.

Pero también existen los miedos psicológicos. Son aquellos que se generan cuando no existe una amenaza real en tu entorno, pero lo sientes cuando te asignan una meta a lograr y temes fallar, temes no poder lograrla, quedar como incompetente ante los demás y perder tu valor como persona y como trabajador.

En principio, la intención de este miedo que generas es protegerte de todas estas experiencias, pero, desafortunadamente, también te traerá como consecuencia parálisis, evitarás correr riesgos, tomarás decisiones con inseguridad, te mostrarás inhibido, lo reflejarás ante tu equipo de trabajo y no obtendrás poder e influencia frente a ellos.

El resultado: se te hará aún más difícil llegar a las metas laborales que te asignen.

El origen de esta limitante se debe a que en el fondo se tiene poca confianza en sí mismo, una baja autoestima. Se duda de las propias aptitudes y recursos para poder lograr con éxito lo que nos proponemos o lo que nos asignan, por muy buenas intenciones que tengamos.

Entonces tu trabajo principal lo debes centrar en reforzar tu auto concepto, la imagen que tienes de tu persona, enfatizar tus talentos y virtudes ante tus propios ojos y procurarte mucho reforzamiento que te ayude a construir una sólida base dentro de ti mismo.

Algunas acciones que te ayudarán a ello son las siguientes:

1. Elabora un inventario de tus cualidades y talentos.
Lee este inventario todos los días y procura profundizar sobre una cualidad a la vez cada día.

Vamos a suponer que eres cálido en tu trato. Busca en el diccionario qué significa la palabra calidez. Idea tres maneras en que proyectarás esta cualidad el día de hoy. Al final del día vuelve a recordar cómo llevaste a la práctica esta virtud y llénate de orgullo por ello.

Luego realiza el mismo procedimiento con tu siguiente cualidad. El objetivo es que vayas robusteciendo tus talentos frente a ti mismo.

2. Lleva un diario de éxitos.
Escribe, de ser posible todos los días, todas aquellas pequeñas y grandes cosas que te hicieron sentir seguro y exitoso durante el día. Al cabo de una semana lee todo lo que escribiste y evoca en tu mente lo bien que te sentiste en esos momentos.

La finalidad de este ejercicio es que hagas conciencia de que tienes el potencial de logro dentro de ti mismo. Si lo pudiste hacer una vez significa que lo puedes hacer dos veces.

3. Entrevístate con otros ejecutivos exitosos o que admires.
Pregúntales qué pasa por sus mentes cuando les asignan una meta o un reto a lograr. Pídeles que te den recomendaciones o tips para afrontar los retos con actitud ganadora. ¡Aprenderás muchísimo de ellos!

4. Realiza visualizaciones.
Imagínate cumpliendo tu meta al 100%, lo que escucharás cuando la logres, lo que sentirás. Si tienes problemas para visualizar, entonces escribe en una hoja la experiencia como si ya se hubiera concretado, incorporando en ella elementos visuales, auditivos y emocionales.

Repasa tu visualización o tu escrito de manera constante y disfruta el proceso. De preferencia en un lugar relajado, al despertar o antes de dormir.

La intención de este ejercicio es programar a tu cerebro hacia el éxito. Cuando uno tiene miedo, lo primero que le viene a la mente son escenas dramáticas, ocurriendo lo peor, por lo que el problema se agudiza aún más. Entonces hay que educar a la mente para que piense en positivo, dirigiéndola hacia lo que quiere, no a lo que no quiere.

Se tenaz. El cerebro tiene una gran capacidad de aprender nuevas formas de reaccionar al ambiente, pero la perseverancia te permitirá conquistar las mieles de la victoria.

Entonces la fuerza de tu liderazgo no vendrá desde fuera, sino desde dentro de ti, te sentirás con mayor poder y dominio de tus circunstancias, lo proyectarás de esa manera reflejando un liderazgo fuerte y decidido y tendrás mucha más influencia ante tu equipo de trabajo. Los resultados irán lográndose por sí solos.

¿Quién dice que no se puede?

 

Autora: Leticia Barrios
Fuente: degerencia.com
Artículo recuperado de internet

La soledad de los jefes

Ser jefe está bien… o a lo mejor no tanto. Por regla general, cobra más dinero, toma las decisiones que quiere y no depende de nadie. Pero –en el otro lado de la balanza– el ejercicio del poder suele, generalmente, llevar implícita también la pesada carga de la soledad.¿Qué hacer para evitarla?

Si no estás preparada para asumir la soledad, mejor te dedicas a otro trabajo, en el que otras personas decidan por ti. Cuando asumes el reto de crear o dirigir una empresa, sabes perfectamente que el propio cargo conlleva esa posición”, afirma Mª Angeles Tejada, consejera delegada de Grupo Select, empresa de trabajo temporal.

A su juicio, esa ‘soledad del poder’ está muy relacionada con la responsabilidad del cargo que se asume: “En el fondo, dirigir consiste en tomar decisiones. Las personas tememos equivocarnos, fracasar o ser rechazados; mientras no te comprometes en algo no pasa nada, pero cuando expresas una opinión eres prisionero de la decisión que has adoptado. Por eso a los jóvenes les cuesta tanto tomar decisiones y asumir el riesgo”.

Prevenir antes de que sea demasiado tarde La ‘soledad del poder’ es una realidad. Y las situaciones o escenarios en los que se puede encontrar son muchos, unos más anecdóticos –que pueden superarse con mayor o menor dificultad– y otros que pueden llegar a convertirse en un importante problema si no son manejados con mucha habilidad y a tiempo. ¿Qué jefe no se ha sentido alguna vez desplazado o ignorado cuando al acercarse, por ejemplo, a la máquina del café, sus subordinados bajan el tono de voz o cambian de conversación? O cuando toma una decisión que puede afectar a los empleados, ¿quién no ha tenido la sensación de cargar con una enorme piedra sobre su espalda? O cuando se siente en la obligación de dejar de lado sus preocupaciones personales para no mostrar posibles puntos débiles que le hagan vulnerable frente a terceros. O cuando plantea si es conveniente o no tener amigos dentro del equipo que dirige. O cuando… Estos son sólo algunos de los muchos supuestos que analizamos en este reportaje. Y con ayuda de varios expertos consultados, sugerimos cómo prevenir y afrontar esas situaciones para mitigar esa soledad o borrarla definitivamente de nuestra lista de preocupaciones.

1. Desconfianza

Un buen jefe debe inspirar cierta confianza, pero también tiene que saber guardar muy bien determinadas distancias. Por eso, uno de los principales síntomas de la soledad del poder es la desconfianza que puede llegar a inspirar entre algunos empleados. Miquel Bonet, consejero de Select, lo explica con una anécdota: “Un amigo que trabajaba en una empresa de muebles me decía que, desde que había sido promocionado a encargado, nadie le pedía que parase un ratopara fumar un cigarrillo”.

Propuesta: José Manuel Casado, socio de Human Perfomance de Accenture, cree quedirigir tiene muchos privilegios, pero también muchas servidumbres. Una de ellas es la necesidad de ganarte la confianza de la gente a tu cargo. “Éste es un requisito imprescindible para que los colaboradores tengan un compromiso real con lo que hacen”. Sin embargo, Bonet apunta un obstáculo a veces insalvable: la creencia extendida de que “un jefe nunca es un igual a los demás; los subordinados siempre se marcan una distancia con el que toma las decisiones.

Por ejemplo, de una forma inconsciente pensamos que no se puede intimar mucho con quien tiene la decisión sobre nuestro salario. Esto es inevitable, aunque no debemos dejar que la distancia entre el jefe y el empleado se haga excesiva”.¿La solución? Según Tejada, si pese a todo no puedes transmitir un nivel aceptable de confianza, puedes compensar esta soledad con una vida emocional y personal rica.

 

2. Aislamiento

Este es otro de los principales síntomas de la soledad inherente al poder. En el día a día se presentan muchas situaciones fácilmente reconocibles. Por ejemplo, cuando convocas una reunión y los empleados asistentes se sitúan alejados de ti o evitan sentarse a tu lado. También percibirás esa actitud o sensación cuando encuentras con tus subordinados, por ejemplo, en la máquina del café o en otras dependencias informales y, a tu paso, se hace el silencio, cambian de conversación o directamente te dejan al margen del grupito.

Propuesta: Miquel Bonet aconseja a los jefes que intenten no aislarse de los empleados y, fundamentalmente, de su equipo más directo: “Si lo haces, impedirás que éstos te conozcan y, en la práctica, nadie apoya con entusiasmo a quien no conoce”.

De todas formas, José Manuel Casado señala que es cierto que muchos directivos puedan sentirse aislados en demasiadas ocasiones, pero puntualiza que esto les pasa sólo a los malos directivos: “A aquellos que a lo largo de su actividad diaria se encargan de dejar bien patente que el que manda en la empresa o en el departamento en cuestión es él”.

A este tipo de directivos o empresarios, José Manuel Casado les recuerda lo que dijo el italiano Nicolás Maquiavelo: “Para hacer grandes cosas no hace falta ser un genio. No ha de estar por encima de los hombres, sino entre ellos”.

 

3. Sin amigos

Algunas amistades se han roto cuando alguien promociona y se convierte en jefe de su amigo. Y otras, cuando uno se hace muy amigo del jefe. ¿Es conveniente tener amigos en la empresa? Unos expertos afirman que normalmente el jefe no tiene amigos.
Incluso, apuntan que cuando hay feeling con una persona, con la que el directivo tiene una comunicación fluida, no tardan en tacharla de pelota.

Propuesta: Hay expertos que defienden que la empresa no está para hacer amigos, al tiempo que no dudan que a nadie beneficia una mala relación con su jefe. Tejada comenta: “Debes conocer a tus empleados e interesarte por sus vidas y no esperar a que ellos se acerquen a ti”. Según Casado, un directivo debe y necesita, como cualquier ser humano, tener amigos y sentirse querido y apreciado.

“Sin embargo, es preferible que no estén en la propia empresa. Tomar decisiones es siempre emocional, pero es más racional cuanto menos afectos entran en juego”.

Este experto asegura que es positivo tener buenas relaciones en la empresa, pero duda que la amistad, “si no es entre pares o iguales”, sea buena en la empresa.

 

4. El dilema de decidir sobre las personas

Cuando los cambios afectan a las personas, es indudable que las decisiones se hacen más difíciles. Bonet recuerda que un alto directivo y empresario le confesaba que nada le producía tanta soledad como el hecho de despedir a alguien con el que había trabajado cierto tiempo. “Aunque tengas razón, te sientes un miserable, una especie de verdugo”. Esta es la soledad auténtica, según Bonet.

Propuesta: Si cualquier decisión de un directivo debe ser muy meditada, la que afecta directamente a una persona debe serlo más. Para Tejada, los valores son lo más importante de una persona. Por eso, “tu conducta debe responder a tus valores”. Recomienda que hagas cada día un repaso mental sobre las decisiones adoptadas. Casado aconseja, “antes de decidir, poseer la suficiente información que garantice que es la mejor alternativa”.

 

5. Resistencia al cambio
La incertidumbre ante los cambios hace que muchas personas prefieran que las cosas sigan igual en todo momento. Por eso, no son pocos los directivos que se encuentran demasiado solos cuando tienen que introducir cambios estructurales, organizativos o de cualquier otro tipo en el negocio.

Propuesta: A muy pocos les gustan los cambios, porque nos acostumbramos a una posición de relativa comodidad. Es necesario escuchar, como aconseja Tejada, a todo el mundo y explicarles la necesidad y los beneficios de los cambios que se van a introducir, aunque el jefe sea el que decida en solitario en última instancia. Para Casado, la resistencia al cambio es un proceso consustancial al ser humano: “Siempre que hay cambios, aunque sean positivos, provocarán resistencia, porque lo primero que se genera es cierta inseguridad”.

 

6. Necesito desahogarme y no puedo

Necesitamos desahogarnos en el trabajo de vez en cuando. Por ejemplo, cuando la vida profesional choca con la personal o cuando nos invaden muchos problemas que debemos resolver (algunos colaboradores creen que el jefe no tiene problemas personales). A algunos directivos les resulta complicado mostrar su indignación o su agobio, porque entienden que desvelan sus puntos débiles y son vulnerables.

Propuesta: Tejada considera que no debemos ser prisioneros de la ira, la debilidad o la flaqueza. Y recomienda “no quejarse, y menos frente a los que depende de ti”. Además, apunta que es conveniente rodearse de gente ‘positiva’, así como frecuentar círculos de personas con responsabilidades similares, con el fin de conocer cómo afrontan sus problemas y sentirse estimulado por sus casos.

Casado asegura que todos necesitamos un escape,más necesario cuanta más presión se tiene. Cada directivo debe buscar un entretenimiento que le permita olvidarse, de cuando en cuando, de sus preocupaciones. “Es un ejercicio obligado para conseguir una adecuada higiene mental. Cada uno debe encontrar el suyo”.

 

7. El directivo que sabía demasiado

La imposibilidad de compartir determinadas informaciones con otros empleados puede convertirse, en cierta medida, en una fuente de incomprensión y, por tanto, de soledad. No son pocas las ocasiones en que los miembros de un consejo de administración se preguntan por qué el presidente ha tomado una decisión concreta cuando todos los informes y opiniones se manifestaban en contra. Posiblemente, el presidente disponía de cierta información, que no conocían los demás miembros. A veces, el jefe se ve obligado a adoptar una decisión basada en informaciones que sólo él, o muy poca gente, conoce.

Propuesta: Tejada aconseja en estos casos que, antes de que tus colaboradores te hagan propuestas, es mejor procurar saber las soluciones a los posibles problemas que te puedan plantear. Por otra parte, Casado recomienda a los directivos huir de lo que se conoce como ‘parálisis por el análisis’: “Porque intentar tener toda, absolutamente toda la información, es, además de ineficaz, imposible”. En su opinión, una de las cosas que beneficiaría a todos los directivos es entender mejor cómo se produce la toma de decisiones.

 

8. El jefe siempre es criticado

Unas veces por tomar determinadas decisiones, otras por no adoptarlas y otras por las consecuencias de sus decisiones. Según los expertos, cuando se acierta en una decisión, o simplemente se hacen bien las cosas, “no es fácil recibir el reconocimiento de la gente que diriges. Si lo haces bien, es lo normal e incluso el mérito es del equipo. Y si te equivocas, es tu problema, porque los demás, se supone que hacen lo que les dices”.

Propuesta: Para Casado, los jefes deberían aceptar más la crítica constructiva, porque sólo de ella proviene la mejora. “Hay demasiados directivos que, creyéndose tocados por la mano de la divinidad, se sienten equivocadamente en posesión de una única verdad y no aceptan ninguna otra interpretación de los hechos”. Este experto destaca que muchos jefes suelen estar obsesionados con saber y controlar todo lo que pasa a su alrededor, “y son los únicos que parecen estar en posesión de la verdad, de su verdad. Y cuando un colaborador les aporta algo o se atreve a corregirles, no oyen lo que les están contando, sino lo que ellos quieren oír”.

Por su parte, Tejada recomienda a los jefes no aislarse ante estas críticas. “Es importante tener en cuenta que al jefe se le critica siempre por sistema”, por lo que tiene que asumir determinadas situaciones sin darles más importancia de la debida.

 

9. El sentido del riesgo
El liderazgo se consigue, fundamentalmente, con actitud y aprendizaje a través de la experiencia. Sin embargo, la experiencia profesional se cuaja con errores. Si no te equivocas nunca, es que no te arriesgas lo suficiente. Pero, en ocasiones, uno se siente muy sólo cuando arriesga demasiado.

Propuesta: Según Bonet, es fácil decir que el error forma parte del éxito, porque inspira innovación, crea oportunidades y se puede aprender de él. “Pero el sentimiento de decidir y/o ser culpable, sólo lo tiene el que decide”. Por eso, el directivo debe saber convivir con la soledad. Tejada afirma que “si no estás dispuesto a asumir riesgos, no vales para dirigir”.

Para minimizar errores, los expertos aconsejan que “cuando tomes decisiones difíciles, procura dormir bien la noche anterior y, para resolver cualquier problema, obsérvalo desde lejos y solo”. Casado asegura que tomar riegos controlados es una tarea fundamental de cualquier directivo. “Sólo arriesgando un poco se puede innovar y cambiar las cosas. Las decisiones conservadoras, como su nombre indica, conservan, y las que son un poco más arriesgadas, transforman y modifican el statu quo”.

 

10. Estimular la iniciativa

La creatividad y la iniciativa no siempre están a la orden del día. Cuando surge un imprevisto, algo que no está en el método a aplicar, “notas que todos te miran a ti y nadie habla, ni da ideas, a no ser que se la pidas directamente a alguien”. Esta falta de iniciativa suele ocurrir porque se espera que sea el jefe el que aporte siempre las ideas y tome las decisiones.

Propuesta: Tejada aconseja rodearse de un equipo autónomo en su trabajo y poco dependiente. Así, tendrán más capacidad de actuación y mayor iniciativa. Por su parte, la recomendación de Casado es que “si queremos que nuestros colaboradores tengan iniciativa, debemos animarles a participar, buscar foros y tener procedimientos que les fomenten la proposición de ideas y, lo que es más importante, transigir con el error”.
Este experto asegura que “si lo haces así y tienes un sistema de reconocimiento establecido, este problema no existirá”.

 

Fuente: emprededores.es
Autor: Javier Labiano
Articulo recuperado de internet

¿Qué tanto te afectan las opiniones ajenas?

«Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe»

Friedrich Dürrenmatt

Todos estamos bajo la lupa. De manera constante, los demás juzgan nuestros actos, ideas y sentimientos, y nosotros evaluamos los suyos. Tarde o temprano todos nos enfrentamos a la crítica: tu jefe te da retroalimentación sobre tu desempeño, tu profesor resalta tus errores en el trabajo entregado, tu novia te hace ver lo mal que te portaste en la cena con su familia. Así es, no tienes control sobre las valoraciones ajenas sobre ti. Pero sí tienes control sobre tu respuesta a éstas.

Hay quienes han aprendido a lidiar con la crítica y quienes son más sensibles a ésta. Los más sensibles sobre-reaccionan, gritan, lloran o se ponen a la defensiva. ¿Por qué es así? Sobre-reaccionan porque la desaprobación activa en ellos inseguridades básicas y recuerdos dolorosos de experiencias estresantes anteriores, como reproches y castigos severos en la niñez. Lloran porque no saben lidiar con lo inesperado. Se ponen a la defensiva porque su ego herido responde con indignación: «¿Cómo pueden decir que soy explosiva, yo que soy toda calma?».

Todos tenemos cierto grado de sensibilidad a la opinión ajena. Y no hay razón para avergonzarse. Sin embargo, si lo deseas, puedes desarrollar la habilidad para sacar el mayor provecho de los juicios de que eres objeto. A continuación encontrarás algunas ideas para superar tu susceptibilidad a la valoración ajena.

Todas las opiniones son válidas. Es común que los demás se formen una opinión de ti, de tu trabajo y de tu forma de actuar y pensar. A algunos les agrada tu estilo y a otros no, a unos les caes bien y a otras personas les pareces antipático. Es imposible agradar a todos. Y esto lo sabes muy bien.

«Las críticas positivas son las peores. Te desorientan más que las negativas porque sólo alimentan tu ego. Entonces, lo único que quieres es más»
Chazz Palminteri

Es más fácil aceptar los juicios cuando éstos son positivos, cuando te dicen que eres apuesto, que eres una persona generosa y que te consideran una buena pareja o un empleado ejemplar. En general, escuchas y aceptas estas ideas con gusto, pues muchas veces concuerdan con tu propia apreciación.

Pero, ¿por qué no aceptamos de buen grado las opiniones que no coinciden con las propias? La cuestión está en que evaluamos las opiniones como buenas o malas. Aceptamos con facilidad las positivas y nos resistimos a admitir las negativas, con lo que perdemos una buena parte de la retroalimentación recibida. La clave está en quitarles la etiqueta de bueno o malo, en escucharlas de manera neutral, asimilarlas y ver qué podemos extraer de éstas. El siguiente es un relato chino que, precisamente, trata sobre esa tendencia a la evaluación constante de nuestras vivencias.

La felicidad de un granjero dependía básicamente de dos cosas: lo que le sucediera a su caballo y a su hijo. Un día, al despertar, descubrió que su caballo se había escapado. «Qué malo», dijo y se deprimió. Sin embargo, cuando se levantó al día siguiente, el caballo estaba de vuelta, así que el granjero dijo, «Qué bueno», y se puso muy contento. Un día después, mientras cabalgaba, su hijo se cayó del caballo y se rompió una pierna. Una vez más, el granjero dijo, «Qué malo», y se hundió en su pena. Pero al siguiente día, el ejército llegó a la aldea y se llevó a todos los jóvenes sanos para que lucharan en la guerra. Y, claro, dejaron al hijo del granjero, porque tenía una pierna rota. Entonces, el granjero dijo, «Qué bueno», y se encontraba lleno de gusto.

A veces, lo que a primera vista parece un contratiempo, es una bendición disfrazada. Y lo que parece bueno a primera vista es realmente perjudicial. El granjero estaba en una montaña rusa emocional a causa de las etiquetas de bueno o malo que ponía a cada suceso.

«Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas»
Tácito

Si te es muy difícil aceptar el comentario ajeno, o tu reacción emocional es desproporcionada, quizás haya algo de verdad en lo que escuchas. Dale a la crítica el beneficio de la duda: quizás sí actúas de manera imprudente cuando bebes alcohol; a lo mejor sí te comportas un poco obsesivo con respecto al orden en casa; posiblemente sí tiendas a llegar un poco tarde a las reuniones de trabajo. Admitir que hay cierta verdad en lo que te dicen puede ser doloroso, pero también es una buena oportunidad para hacer cambios a nivel personal.

Ahora bien, en muchas ocasiones, lo doloroso no es lo que otros dicen, sino cómo lo dicen. Si este es el caso, lo pertinente es admitir lo acertado de la opinión y pedirles que digan las cosas de una forma más respetuosa. Generalmente, esto es posible en el trabajo y en la escuela, con los amigos o la pareja.

Estas son formas de utilizar la crítica a tu favor. Entre menos sensible seas a los juicios de otros, más fortaleza tendrás para hacer frente a las situaciones difíciles.

Autor: Victor jimenez*
Fuente: El universal
Articulo recuperado de internet

*Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América. Especialista en Tanatologí­a y formación en Psicoterapia Cognitivo Conductual.

Cómo sobrevivir en tiempos agitados

¿Cómo los cambios tecnológicos y científicos están transformando la sociedad? Mark Stevenson nos invita a pensar cómo educar y vivir de una forma distinta para poder formar parte de los cambios, en esta inspiradora entrevista realizada por Elsa Punset.

Mark Stevenson:
Estos principios surgen de mis observaciones de individuos brillantes. Tengo mucha suerte con mi trabajo, porque me permite conocer a gente extraordinaria que hace cosas buenas todo el tiempo. He tenido la suerte de conocer a muchas de estas personas. Mi propósito inicial era dilucidar lo que tienen en común, lo que les une, si era su manera de pensar o de actuar.

Estuve investigando durante unos dos años y acabé por descubrir que todas comparten estos ocho principios. Muchas de ellos no son conscientes de que los comparten ni se los plantean como tales, pero estos principios existen. A continuación los redacté e intenté ponerlos en práctica y, al hacerlo, me di cuenta de que lograba hacer más cosas.
Estos son los ocho principios:

1. El optimismo es un posicionamiento moral. Un optimismo pragmático, no de castillos en el aire. La vida es una elección, debemos imaginarnos un mundo mejor e intentar mejorarlo con pequeñas acciones en lugar de quejarnos del status quo.

2. Todas las personas que hacen cosas buenas están comprometidas con un proyecto superior, un proyecto que va más allá de sí mismas. Las personas felices suelen tener un proyecto que está por encima de ellas.

3. Hay que abrirse a la evidencia, basarse en los hechos objetivos. «Tenemos que pensar como los ingenieros, no como los políticos.»

4. Las ideas deben compartirse, no protegerse. en Internet la gente comparte sus ideas todo el tiempo. Cuanto más se amplifica una idea, más fuerza adquiere. La innovación es el entorno en el que las ideas practican el sexo.

5. No pasa nada si te equivocas, lo irresponsable es no intentarlo. Para algunas personas, equivocarse es una estrategia. Pero para otras personas cometer un error es catastrófico, un fracaso. Una vez le preguntaron a Keith Richards de los Rolling Stones cómo se le ocurrían esos magníficos riffs de guitarra. Y dijo: «Empiezo a tocar hasta que cometo el error adecuado.»

6. Somos lo que hacemos, y no lo que tenemos intención de hacer. Nadie se define a sí mismo como una persona amargada, cínica o complicada, le echa la culpa de su mal carácter a los demás o las circunstancias, pero lo cierto es que, si actúas ante el mundo como una persona amargada, cínica y complicada, es que realmente eres así.

7. Ponerse en marcha, superar la resistencia al inicio, superar la procrastinación. Empezar poco a poco hasta conseguir la dinámica de la acción.

8. Cuando te embarcas en un proyecto grande, debes planteártelo como un torneo muy largo. Siempre digo que es como un torneo que consta de diez rondas, y hay que ser consciente de que en la primera ronda vas a perder nueve batallas de cada diez. Esto es así porque a casi nadie le va a gustar tu nueva idea, estás luchando contra el modelo imperante. Siempre pierdes más veces de las que ganas, pero al final puedes conseguirlo. Lo importante es no confundir las primeras rondas con todo el torneo.

Las habilidades para la vida

Mucho de lo que se dice en este video podría extrapolarse al mundo de las empresas, y ayudar a entender –quizá- como el modelo de aprendizaje está afectando el desarrollo del potencial de las personas. Disfruta esta exquisita entrevista a René Diekstra, profesor de Psicología de la Universidad de Utrecht

Diálogo entre cerebro y corazón

Para que se produzcan procesamientos veloces cuando tomamos decisiones basados en nuestra intuición es fundamental la comunicación entre el corazón y el cerebro, un «matrimonio» que muchas veces la historia quiso separar pero que la ciencia nos enseña lo íntimamente relacionados que están.

Las emociones surgen de una interacción constante entre ambos. Imaginemos la siguiente situación: estamos caminando y de repente desembocamos en un callejón oscuro. Seguramente comenzaremos a sentir los latidos del corazón, el cerebro rápidamente registra lo que está pasando tanto en nuestro cuerpo (el corazón que late) como a su alrededor (un callejón que nos recuerda una película de terror). En esta intersección entre lo que sucede, cómo reacciona el cuerpo (porque no olvidemos que además empezamos a transpirar, nuestra tensión arterial aumenta, etc.) y cómo el cerebro registra todo esto surge la emoción que nos incita a salir corriendo hacia el otro lado. Y todo eso ocurrió en milésimas de segundo, tan rápido que ni siquiera llegamos a ver que, del otro lado del callejón, estaba uno de nuestros amigos esperándonos y que nada malo iba a pasar. ¿Qué sucede si esta comunicación entre el corazón y el cerebro se ve de alguna manera alterada?

En un estudio realizado por el Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias (LPEN) de INECO y de la Universidad Favaloro, con los investigadores Agustín Ibáñez, Roberto Favaloro, Blas Couto y Lucas Sedeño, realizamos un estudio en un paciente en espera para un trasplante cuyo corazón no funcionaba correctamente y se mantenía vivo gracias a un aparato externo que hacía las veces de corazón. Por su problema cardíaco, existía una falla en la comunicación entre el corazón y el cerebro. Es más: la bomba externa que lo mantenía con vida interfería en el registro de sus sensaciones corporales. En este contexto, evaluamos distintos aspectos del procesamiento emocional del paciente.

Así descubrimos que las fallas en esta comunicación entre el corazón y el cerebro le provocaba dificultades para reconocer correctamente las emociones de los demás o incluso para sentir empatía. Y lo más impactante: esta dificultad para procesar las emociones se relacionaba con su forma de tomar decisiones intuitivas. Más allá de que cognitivamente no tenía severas dificultades, esta incapacidad para seguir sus corazonadas afectaba la toma de decisiones en contextos de incertidumbre o cuando tenía que actuar a gran velocidad. Esto demuestra cómo secretamente las sensaciones de nuestro cuerpo están detrás de nuestras intuiciones. Y eso de la corazonada, que muchas veces fue entendido como metáfora, está mucho más próximo a la literalidad

Autor: Facundo Manes
Fuente: La Nación
Artículo recuperado de internet

La fórmula mágica de la paciencia

«Lo que distingue al hombre del animal no es la inteligencia, es la facultad de esperar»

André Kédros

No hay una fórmula mágica para que te conviertas en una persona más paciente. Curiosamente, aprendes a ser paciente actuando pacientemente. No hay otra opción. Si quieres fortalecer el músculo de la tolerancia, es necesario que te ejercites continuamente en esta cualidad. Aquí encontrarás algunas ideas para cultivar la paciencia:

Practica «en pequeño». Aprovecha cada oportunidad que se te presente para entrenarte, por ejemplo, mientras esperas a ser atendido en el banco o en una tienda. Con la práctica constante, pronto estarás jugando en las grandes ligas de la paciencia.

Respira. Cuando te sientas impaciente, recurre a la respiración para relajarte. Haz inhalaciones profundas y exhalaciones lentas. Recuerda inflar tu abdomen al inhalar, esto hace tu respiración más profunda y pausada. Para reducir el estrés y la ansiedad, respira. Poner atención a tu respiración te ayuda a estar más tranquilo y funciona como distractor. Otra forma de distraerte de la impaciencia y de los pensamientos asociados con ésta es contar del número diez al uno: 10. . .9. . .8. . .

Déjalo ir. Hay muchas cosas que salen de nuestro control, por ejemplo, la aparición de los resultados de un examen a la universidad o de una entrevista de trabajo. No hay nada que puedas hacer para apresurar la publicación o el aviso. Algunas personas creen que si se preocupan obsesivamente o se tensan van a lograr que las cosas sean diferentes, pero naturalmente no es así. Suelta aquello sobre lo que no tienes control.

Ejercítate descansando. Aprende a ser paciente: no hagas nada. Tómate unos momentos a lo largo del día para simplemente descansar. Es probable que te pongas ansioso, pero es importante permanecer sin actividad el tiempo que te hayas propuesto, pues es así que fortaleces tu capacidad de espera. Puedes comenzar con un minuto o dos y poco a poco incrementar el tiempo de «hacer nada».

Conversa contigo mismo. Repite mentalmente lo siguiente: «Las cosas no siempre son como te gustaría que fueran«. La impaciencia se aprende en casa. Si tus padres siempre te procuraban todo lo que necesitabas de manera inmediata, es más probable que actúes de manera intolerante. Aprender a retrasar la gratificación te ayuda a tener más calma y seguridad. Para ver formas en que puedes aprenderlo. Saber esperar tiene sus recompensas.

Ocupa tu mente. Mientras esperas a ser atendido en el doctor o a que tu hija termine la tarea, lee un libro, escucha tu ipod, observa lo que sucede alrededor, pon atención a la gente, piérdete en tus fantasías (siempre y cuando no sean fatalistas). Con creatividad, puedes encontrar formas de disfrutar la espera.

Atrápate en el acto. Cuando te sientas impaciente, concéntrate en las sensaciones de tu cuerpo. Identifica si estás tensando la quijada, los hombros. Es probable que contraigas el abdomen, juegues con lápiz, golpetees la mesa con tus dedos o muevas el pie impacientemente. Trata de descubrir qué te dicen estas acciones. ¿Qué pensamientos hay detrás de ellas? ¿Te son de ayuda esos pensamientos? ¿Te hacen sentir bien?

Usa auto-sugestión. Recuerda las ocasiones en que has sido paciente. ¡Habrá por lo menos una! Repite: «Soy perfectamente capaz de actuar pacientemente, así que me mantengo tranquilo«. Este tipo de afirmaciones funcionan porque al decirlas o pensarlas envías el mensaje a tu subconsciente, de tal forma que te convences de que lo que afirmas es verdad y comienzas actuar de acuerdo con esta creencia.

A veces nos portamos intolerantes porque tenemos demasiadas cosas qué atender, porque no organizamos nuestro tiempo o porque no sabemos priorizar. En otras ocasiones, nos ponemos impacientes si otros no entienden lo que deben hacer. Detrás de la impaciencia está el afán de control y una tendencia al perfeccionismo. Llevar un diario de las emociones que vamos experimentando en ciertas situaciones o con algunas personas nos puede servir para conocernos mejor y modificar aquello con lo que no nos sentimos a gusto. La paciencia puede ser una de las cualidades que podríamos cultivar.

Autor: Victor Jimenez. Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América
Fuente: El Universal
Artículo recuperado de internet

Cómo lidiar con las emociones en el trabajo

El mundo laboral, según los especialistas en management, se rige bajo las normas VICA: volátil, incierto, complejo y ambiguo. En este contexto todos los días se presentan distintas situaciones que pueden provocar desajustes emocionales que reducen a cero el nivel de tolerancia en el ámbito de trabajo.

Ningún trabajador, ni jefe, ni empleador desea un mal clima de trabajo dentro de la oficina. Pero sin dudan las emociones y sus reacciones pueden afectar de diversa manera a la organización, ya sea generando un mal ambiente o bien afectando el vínculo con los clientes, proveedores o compañeros y por ende disminuyendo la productividad.

Hasta hace unos años algunas empresas se orientaron a realizar capacitaciones en relación a la Inteligencia Emocional como una habilidad más. Sin embargo, en el último tiempo, este tipo de formación comenzó a ser parte de la agenda. Las organizaciones comienzan a tomar conciencia de los beneficios de fomentar lo que se conoce como «habilidades blandas». «Para un desempeño en todos los trabajos, en todas las especialidades, la aptitud emocional es dos veces más importante que las facultades puramente cognitivas» destaca el especialista Daniel Goleman. En su libro La inteligencia Emocional en la Empresa, expresa: «La inteligencia emocional no significa simplemente ser simpático. En momentos puede requerir por el contrario, enfrentar sin rodeos a alguien para hacerle ver una verdad importante, aunque molesta, que haya estado evitando. La inteligencia emocional no significa dar rienda suelta a los sentimientos, sacando todo afuera, por el contrario significa manejar los sentimientos de modo tal de expresarlos adecuadamente y con efectividad, permitiendo que las personas trabajen sin roces en busca de una meta común.»

Todo este proceso se vincula con una tendencia y una necesidad de crear ambientes de trabajo más humanos, compuestos por personas que muchas veces necesitan ayuda para lidiar con los desafíos sin perder el control con las circunstancias más o menos graves que se presentan en el día a día. «El Desarrollar Organizaciones Emocionalmente Inteligentes se vuelve una ventaja competitiva en el SXXI- expresa Adriana Carel, directora del Programa Emocional Mente de Whalecom, consultora especializada en desarrollo y procesos de cambio

En diálogo con Mercado Carel señala que «un mundo VICA atenta contra lo predecible, lo planeado, el modelo de orden y control en el ámbito laboral. Implica para las Organizaciones aggionar sus modelos de gestión y Management». Como dice el especialista norteamericano Gary Hamel, el management es una tecnología, un sistema operativo. El management del S. XX operaba bajo un sistema basado en el control, dominado por la creencia de que la gente no quería trabajar, que eran necesarios «la zanahoria y el garrote» como motivadores, y que la gente, para ponerse en movimiento, necesitaba dirección. «Hoy las personas buscamos vivir experiencias (como trabajadores y como consumidores) que nos aporten un sentido, un propósito en un clima positivo y de aprendizaje. En el mundo actual, actuar bajo el marco del sistema operativo de la Motivación 2.0 (que usa la zanahoria y el garrote) produce los siguientes efectos negativos: extingue la motivación intrínseca, empeora el desempeño, destruye la creatividad, elimina el desempeño modelo, alienta el comportamiento no ético y alienta el pensamiento de corto plazo», apunta Carel.

Desde la mirada de la especialista las empresas en este mundo VICA deben abandonar la planificación y el control para adoptar un rol de exploradores que aprenden, crean y arriesgan. Se requiere de ambientes de trabajo flexibles, colaborativos, con líderes que guíen, sean mentores, desarrolladores y con empowerment. Se requiere de Organizaciones emocionalmente inteligentes. El teórico francés Edgar Morin, que tuvo como objeto de estudio a la Posmodernidad, dice que una de las ventajas del cerebro humano sobre la computadora «es la de poder trabajar con lo insuficiente y lo impreciso».

En el S.XX, las habilidades requeridas eran las llamadas duras, competencias técnicas, conocer de procedimientos, saber cómo opera una máquina en la fábrica, cómo se arregla un artefacto, el Coeficiente Intelectual era la medida que se utilizaba dentro de las organizaciones. La formación tradicional también ponía mayor peso en estas habilidades duras. Pero la historia demostró que las crisis y los cambios no se solucionan con respuestas técnicas sino con soluciones adaptativas. «Hoy las habilidades requeridas se relacionan con la gestión de la Inteligencia Emocional, la capacidad de autoconocimiento y autogestión, la empatía, capacidad de influenciar y generar relaciones positivas, establecer redes y sistemas de trabajo colaborativo. La habilidad conversacional, la transparencia y el optimismo son atributos que hacen la diferencia», apunta Carel.

La consultora global Gallup encuestó recientemente a más de 1 millón de empleados de una amplia gama de compañías y países con el objetivo de identificar las habilidades y competencias que diferencian a los mejores Jefes del mundo que logran resultados extraordinarios. De allí se desprende que «los mejores jefes del mundo no tienen muchas cosas en común?.difieren en edad, sexo, raza, tienen estilos muy diferentes y persiguen metas distintas?..a pesar de esas diferencias, tienen algo en común: Lo primero que hacen es romper todas las reglas del conocimiento convencional, desobedecen constantemente la regla de oro («Trata a los demás como te gustaría ser tratado») y aplican la regla de platino («trata a los demás como les gustaría ser tratados»). «Para cumplir con esta regla el conocer al otro, es la clave. La buena noticia en cuanto a si nacemos con estas habilidades es que sí. Nacemos con todo para desarrollar», asegura Carel de Whalecom.

Claves para crear ambientes de trabajo más humanos:

  • Crear contextos de aprendizaje, tolerantes al error. Reconocer el esfuerzo, dar feedback oportuno y constructivo.
  • Asignar tareas con sentido que sean significativas para las personas.
  • Que las metas sean claras y transparentes, con una gestión por resultados bien orientada a la meritocracia.
  • Jefes que sean mentores y sepan qué es lo que cada colaborador necesita, cuáles son sus intereses, sus aspiraciones?.
  • Construir lugares de trabajo flexible .
  • Desarrollar cultura Inclusiva ( líderes superar prejuicios / abrirse a la escucha / crear foros abiertos de debate, promover la diversidad )
  • Cultura de Reconocimiento contínuo (dar las GRACIAS genera oxitocina hormona que relaja) Ej Sistema de reconocimiento por Valores
  • Cultura de apoyo y aprendizaje
  • On the job» Training
  • Oportunidades desarrollo formales e informales
  • Capacitación disponible / Programas de Líderes
  • Oportunidades de crecimiento basadas en la equidad

 

Autor:Por Leandro Africano.

Fuente: Mercado
Articulo recuperado de internet

El elogio: un acto de humildad y generosidad

«Uno puede defenderse de los ataques;

contra el elogio se está indefenso»

Sigmund Freud

La práctica del elogio tiene un efecto poderoso en las vidas de los demás, en nosotros y en nuestras relaciones. ¿Cómo es mejor hacerlo?, ¿cuándo es más oportuno?, ¿hacerlo público o en privado?

El elogio es una forma de demostrar admiración y respeto por la forma en que alguien actúa. Es un acto de humildad y generosidad. Expresarle a alguien que realiza una actividad mejor que uno requiere humildad. Retroalimentar positivamente el buen desempeño de un compañero de trabajo, por ejemplo, puede llegar a estrechar los lazos de compañerismo. Motivar a los estudiantes, reconociendo sus aciertos, contribuye a que desarrollen un concepto positivo de ellos mismos. Agradecer el esfuerzo e interés de la pareja por modificar algunos hábitos molestos refuerza su deseo de seguir intentando agradar. Resaltar el gesto de solidaridad que tuvo un hijo con un amigo lo motiva a repetir el acto solidario con alguien más. Es así de poderoso el efecto del elogio en los demás.

Elogiar es también una forma de reconocernos, a través del otro

Somos capaces de reconocer una virtud en el otro cuando hemos reconocido que esa cualidad habita en nosotros mismos. Así, podemos resaltar el hecho de que un amigo actúa con honestidad porque nosotros también lo hacemos, aunque quizás en diferente medida, de una forma distinta o en otras situaciones. La clave está en identificar lo positivo que se ve en los demás, pero no en uno mismo. Por ejemplo, asumes que nunca actúas con responsabilidad, pero si te tomas el tiempo para reflexionar sobre este aspecto, quizás encuentres circunstancias en las que sí tienes una actitud responsable. Esto es importante porque aceptar la existencia de esas virtudes te fortalece y te completa.

Hay que dosificar los elogios

Cuando se les utiliza con mucha frecuencia, los elogios pierden credibilidad. Fácilmente se puede caer en la adulación: exagerar las cualidades de una persona o incluso inventarlas. Adular es una forma de mentir y la gente lo percibe. Para prodigar un elogio es esencial ser sincero y natural.

Un riesgo en recurrir con demasiada frecuencia a las alabanzas es que el elogiado podría llegar a sentirse obligado a cumplir con nuestra expectativa. En este sentido, elogiar puede ser una forma de poner presión psicológica sobre el otro. Esto ocurre con mayor frecuencia en el caso de los hijos y subordinados.

Hay que dosificar las alabanzas, como se hace con los regalos. Un elogio es un regalo que se da, sobre todo, en el momento en que más se necesita. Pero hay que tener cuidado, porque el exceso de elogios, al igual que el exceso de regalos, puede hacer a una persona arrogante. Dicen que con los cumplidos hay que hacer como con el dinero: no usar más del necesario y no usarlo con el objeto de impresionar. Francisco Gavilán, autor de No se lo digas a nadie,así, advierte que con los halagos hay que hacer como con los medicamentos: aplicar la dosis más fuerte a los que más lo necesitan.

Una buena forma de elogiar

Lo más importante a la hora de ofrecer un cumplido es hacerlo con autenticidad. La adulación se nota y tiene un efecto negativo sobre quien la recibe.

Hay que elogiar las acciones, no a la persona. Por ejemplo, en el caso de un hijo, se puede resaltar la forma en que llevó a cabo el proceso de selección para la universidad y su esfuerzo. Es necesario explicar por qué consideramos que sus acciones son dignas de reconocerse y cuáles son los beneficios de actuar como lo hizo.

Dejar en claro cuál es la actitud o acción que se valora es mejor que hacer un comentario vago como: «¡Bien hecho!».

En ocasiones es bueno halagar a alguien frente a los demás, pues les puede dar un sentido de reconocimiento y aprobación. Sin embargo, en otras ocasiones es mejor hacerlo en privado, para evitar que otros se sientan menos o surja su resentimiento por no ser los elogiados.

Llevada a cabo de manera natural y tomando en cuenta lo anterior, la práctica del elogio tiene un efecto poderoso en las vidas de los demás, en nosotros y en nuestras relaciones. Es una práctica que contrasta con la mentalidad tipo «lápiz rojo» en la que sin misericordia se subrayan los errores ajenos. Hacer notar lo positivo, sin perder de vista lo que se necesita mejorar, es tocar el piano utilizando todas las teclas de este instrumento. Cuando nos empeñamos en tocar el piano sólo con las teclas negras (cualidades negativas), como si las blancas (cualidades positivas) no existieran, nos perdemos de muchas notas que contribuyen a la riqueza musical.

 

Fuente: El Universal
Autor: Victor Jimenez
Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América. Tengo una especialidad en Tanatologí­a y formación en Psicoterapia Cognitivo Conductual.

Articulo recuperado de internet
http://blogs.eluniversal.com.mx/weblogs_detalle17837.html