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Comunicación

El poder de decir No

En esta nota encontrarás un método preciso y sencillo para poder decir no, negociar lo que deseas, etc. Son técnicas simples y precisas para entrenarse en asertividad.

Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. La asertividad consiste también en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas.

Algunos componentes básicos de la asertividad
La Asertividad se define como: «la habilidad de expresar nuestros deseos de una manera amable, franca, abierta, directa y adecuada, logrando decir lo que queremos sin atentar contra los demás. Negociando con ellos su cumplimiento». Está en el tercer vértice de un triángulo en el que los otros dos son la pasividad y la agresividad. Situados en el vértice de la pasividad evitamos decir o pedir lo que queremos o nos gusta, en la agresividad lo hacemos de forma tan violenta que nos descalificamos nosotros mismos

La asertividad y la ansiedad
El elemento básico de la asertividad consiste en atreverse a mostrar nuestros deseos de forma amable, franca, etc., pero el punto fundamental consiste en lanzarse y atreverse. Lo que se expone en esta página puede ayudarnos a mostrar lo que sentimos y deseamos, porque sabemos que lo estamos haciendo de forma adecuada, que nadie se puede ofender. Esto nos ayudará a atrevernos a hacerlo.

Reglas básicas para ejercer la asertividad
Existen técnicas y reglas que aprendidas y aplicadas nos permiten ejercer la asertividad de forma eficiente. Para ello hay que prepararse a negociar y hay que cumplir las reglas que implican una negociación eficiente. Existen también técnicas simples como el banco de niebla o asentir en principio, y el disco rayado, que nos facilitan su ejercicio concreto y cotidiano.

Para poder ejercitar la asertividad tenemos que tener capacidad de negociación. En la negociación se intenta conseguir lo que se quiere con el beneplácito del otro, que lógicamente también va a tener algunos beneficios.
La realización de una negociación comprende varias fases. La primera, es la de preparación. En ella tenemos que pensar la estrategia que tenemos que seguir en el encuentro con el otro en el que se va a plantear los problemas y se va a hacer la negociación propiamente dicha.

Fase de preparación
Para poder conseguir cualquier cosa tenemos que saber cómo hacerlo y para ello hay que prepararse. Ir a un encuentro sin tener una mínima guía de comportamiento, cuando, además, no somos negociadores experimentados, nos expone a no lograr para nada los objetivos que perseguimos. Por tanto hay que preparar lo que se va a decir y a hacer en la negociación cara a cara con el otro.
Dentro de la preparación habría que distinguir dos subfases. La primera de preparación personal para evitar caer en la pasividad o en la agresividad y la segunda de preparación del diálogo que vamos a plantear al otro.

Fase de preparación personal
Se trata de una fase previa, necesaria para tener muy claros los objetivos que perseguimos en el encuentro. Es lo que nos motiva a la negociación. Cuando negociamos tenemos que tener la vista puesta en nuestros objetivos. Hay algunas cosas que nos pueden distraer de ellos y hacernos fracasar. Por ejemplo, nuestra emoción. No podemos confundir la emoción con el objetivo. Nos gustaría quedar bien, pero normalmente ese no es el objetivo. Nos gustaría machacar al otro, pero así no lograremos lo que realmente queremos. Nos gustaría que el otro reconociese que tenemos razón y que él estaba equivocado, pero nos tenemos que preguntar si ese es nuestro objetivo o si así solamente conseguiremos una recompensa de tipo emocional, mientras que nuestro objetivo se pierde. No hay que olvidar la máxima: “lo que cuenta son los hechos y no las palabras”. Si nos explayamos y nos descargamos emocionalmente puede que hayamos conseguido una recompensa a corto plazo, pero la pregunta que tenemos que hacernos es si hemos conseguido nuestros objetivos.

Hay que huir de juicios de intenciones. Si juzgamos las intenciones de la otra persona y nos basamos en ellas para plantear la relación con el otro, corremos el riesgo de contestar y reaccionar a las intenciones que pensamos que tiene el otro y perdemos de vista nuestros objetivos. Así podemos llegar a ser agresivos o a ser pasivos. Si nos han hecho algo que nos ha dolido y pensamos que lo ha hecho con buenas intenciones, podemos estar tentados de dejarlo pasar y no decir nada. Si juzgamos que lo ha hecho con mala intención, vamos a atacar su “maldad” y no los hechos y seremos agresivos. En una negociación no se trata de agredir y someter al otro, aunque lo veamos como un rival. Hay que darle una salida, más o menos airosa porque si no se revolverá contra nosotros. Querer que nos reconozca lo equivocado que está y se someta completamente a nuestros deseos puede ser un objetivo emocional, que compense la humillación que hemos sentido, pero ¿es realmente nuestro objetivo? Sí tenemos que intentar entender que cosas son las pueden motivar al otro para hacer lo que nosotros queremos que haga.

Tenemos que pensar en cómo crear la oportunidad de la negociación. Si es algo pendiente desde hace mucho tiempo y que queremos abordar, hay que buscar al otro y plantear un tiempo y un espacio en el que se pueda dar la negociación. Es lo primero que tenemos que conseguir del otro. Sin ellos no se consigue, no es posible hacer la negociación. En muchas ocasiones no hay que buscar la oportunidad, es la propia situación en la que se genera el problema. Pero en ella nos puede ocurrir que cuando el otro se va es cuando se nos ocurre aquello teníamos que haber dicho. Recuerda: Siempre hay una segunda oportunidad aunque haya que crearla. Crear la oportunidad es buscar al otro y plantear, aunque sea por enésima vez, el tema que nos ocupa. Cualquier frase introductoria como decirle, “de lo que hablamos ayer me gustaría comentarte algo” o frases parecidas para iniciar la conversación son ayudas inestimables para crear la oportunidad.
Con los objetivos claros podemos controlar nuestra agresividad y motivarnos para dejar de ser pasivos, con la oportunidad creada y el entendimiento de lo que el otro espera podemos preparar el momento concreto de la negociación.

Preparación del diálogo
Sin perder de vista que lo importante es lo que hagamos y lo que decimos solamente puede ser una guía para que el otro sepa cuáles van a ser nuestros siguientes pasos, tenemos que preparar aquello que vamos a decirle. El diálogo que tengamos con él tiene que cumplir los siguientes requisitos para ser un diálogo asertivo:

Describir los hechos concretos. Se trata de poner una base firme a la negociación, en la que no pueda haber discusión. Cuando describimos hechos que han ocurrido el otro no puede negarlos y así podemos partir de ellos para discutir y hacer los planteamientos precisos. En este punto es donde más tenemos que evitar hacer los juicios de intenciones. No se trata de decir “eres un vago” sino decir, “vengo observando que te levantas desde hace ya varias semanas a la hora de comer”. Diremos me has dicho 10 veces “no sirves para nada” en lugar de “me quieres denigrar y hundir” (juicio de intenciones.)

Manifestar nuestros sentimientos y pensamientos. Es decir comunicar de forma contundente y clara como nos hace sentir aquello que ha ocurrido y que juicio moral o de pensamiento nos despierta. Es el momento de decir “estoy hasta las narices de esta situación y no la soporto más”, o “me he sentido humillado y denigrado”. Hay que recordar que no se trata de que el otro lo encuentre justificado o no. Le puede parecer desproporcionado, o injusto, o… pero es lo que nosotros sentimos y tenemos derecho a hacerlo así, no aceptaremos ninguna descalificación, defenderemos nuestro derecho a sentirnos tal y como le decimos. Le estamos informando, no le pedimos que nos entienda o nos comprenda, por eso no puede descalificarnos ni aceptaremos críticas a nuestros sentimientos, emplearemos la técnica del banco de niebla combinado con el disco rayado (ver más abajo.)

Pedir de forma concreta y operativa lo que queremos que haga. No se trata de hablar de forma general o genérica, “quiero que seas más educado”, “quiero que me respetes” “quiero que no seas vago”; sino que hay que ser concreto y operativo: “quiero que quites los pies de mi mesa”, “quiero que cuando hablo me mires a los ojos y contestes a lo que te pregunto”, “quiero que estudies tres horas diarias”. Son conductas concretas que el otro puede entender y hacer.

Especificar las consecuencias. Es decir, aquello que va a ocurrir cuando haga lo que se le ha pedido. Se le podría plantear también las consecuencias que tendrá para él no hacerlo, pero es preferible especificar lo que va a obtener de forma positiva. De otra manera lo que planteamos es un castigo y los castigos son mucho menos efectivos que los premios o refuerzos. Muchas veces se trata solamente de una forma de presentación, hay que tener en cuenta que frecuentemente algo que puede ser planteado como un castigo, si no lo hace, se puede ver como algo positivo si lo hace. “Si no lo haces tendrás un castigo” se puede convertir en “Si lo haces evitarás que haga lo que no quiero hacer que es lo que supone un castigo para ti, que es algo que, por supuesto, yo tengo que hacer para ser consecuente con mis objetivos y los sentimientos que ya he expresado”.

Ensayo
Lo que se ha preparado, preferentemente por escrito, se tiene que ensayar hasta aprendérselo de memoria. Cuando vamos a un examen nos ponemos nerviosos y se nos olvidan muchas cosas, puede pasarnos lo mismo en este caso y por eso hay que aprendérselo de memoria.
Si la situación nos causa alguna ansiedad, es una razón más para el ensayo. Cuando nos imaginamos la situación de la negociación nos estaremos exponiendo a ella en la imaginación y al menos cuando pensemos en hablar con el otro no nos pondremos nerviosos y comenzaremos nuestra negociación en mejor posición anímica. Si nos ponemos nerviosos podemos acogernos al diálogo que hemos preparado en la seguridad de que vamos a expresar nuestros deseos de forma completa. Cuando la ansiedad es demasiado grande hasta el punto de que nos impide expresar nuestros deseos, hemos de plantearnos una estrategia para superarla. En este enlace puedes encontrar las formas en las que la psicología cognitivo conductual ayuda a superar la ansiedad y en este otro enlace un curso para enfrentar y superar los límites que nos imponen nuestras ansiedades y nuestros miedos y en forma de autoayuda en «Entiende y maneja tu ansiedad»

Ejecución
En la fase de ejecución hay que tener en cuenta algunas técnicas básicas que nos permiten llevar a cabo lo que hemos preparado. No hay que olvidar nunca que nuestros objetivos están plasmados en el diálogo que hemos preparado y que nuestra meta inmediata es decirlo. No se trata de contestar a todas las digresiones que nos hagan, no es necesario ser rápido y agudo para poder responder de forma inmediata a todo lo que nos digan. Se trata de emplear la técnica del banco de niebla, que también se llama aceptar en principio, seguida de la del disco rayado.

La forma de hacerlo es diciendo que “puede que lleves razón; pero…” (banco de niebla) lo que yo quiero decir es que.. “y se sigue con el diálogo en el punto en el que fuimos interrumpidos o repitiéndolo desde el principio (disco rayado.) Puede parecer muy limitado y que vamos a hacer el ridículo, pero es sorprendente lo efectivo y natural que resulta. Si saca otros temas, también importantes, no perdamos de vista nuestro objetivo, tenemos que acabar con lo que ha motivado la negociación para poder seguir más tarde con lo que acaba de plantear: en ningún momento hay que perder de vista nuestro objetivo, plasmado en el diálogo preparado.

Ejemplos
Situación 1:
Un amigo acaba llega a cenar, pero una hora más tarde de lo que había dicho. No ha llamado para avisar que se retrasaría. Estás irritado por la tardanza. Tienes estas alternativas:

1. CONDUCTA PASIVA. Saludarle como si tal cosa y decirle “Entra la cena está en la mesa”.
2. CONDUCTA ASERTIVA. He estado esperando durante una hora sin saber lo que pasaba (hechos). Me has puesto nervioso e irritado (sentimientos), si otra vez te retrasas avísame (conducta concreta) harás la espera más agradable (consecuencias).
3. CONDUCTA AGRESIVA. Me has puesto muy nervioso llegando tarde. Es la última vez que te invito.

Situación 2:
Un compañero de trabajo te da constantemente su trabajo para que lo hagas. Decides terminar con esta situación. Puedes crear la situación preguntándole como lleva su trabajo o esperar a que ella cree cuando te pida otra vez a le ayudes haciéndole algo. Las alternativas podrían ser:

1. CONDUCTA PASIVA. Estoy bastante ocupado. Pero si no consigues hacerlo, te puedo ayudar.
2. CONDUCTA AGRESIVA. Olvídalo. Casi no queda tiempo para hacerlo. Me tratas como a un esclavo. Eres un desconsiderado.
3. CONDUCTA ASERTIVA. Muy frecuentemente me pides que te eche una mano en el trabajo que te asignan, porque no te da tiempo o porque no sabes hacerlo (hechos). Estoy cansado de hacer, además de mi trabajo, el tuyo (sentimientos), así que intenta hacerlo tú mismo (conductas), seguro que así te costará menos la próxima vez (consecuencias).

Situación 3
Vas a un restaurante a cenar. Cuando el camarero trae lo que has pedido, te das cuenta de que la copa está sucia, con marcas de pintura de labios de otra persona. Se trata de llevarse bien con el camarero para que nos sirva bien, pero eso no es un buen servicio, podrías:
1. CONDUCTA PASIVA. No decir nada y usar la copa sucia aunque a disgusto.
2. CONDUCTA AGRESIVA. Armar un gran escándalo en el local y decir al camarero que como el servicio es asqueroso nunca volverás a ir a ese establecimiento.
3. CONDUCTA ASERTIVA. Llamar al camarero y, mirándole a la cara y sonriendo, pedirle que por favor le cambie la copa.

Plantilla para construir un diálogo asertivo:

  • Hechos ¿Cuáles son los hechos?
  • Sentimientos ¿Qué emociones o sentimientos tienes?
  • Conductas ¿Cuáles son las acciones o compartamientos?
  • Consecuencias ¿Cuál es el efecto o resultado?

Autor
Dr. José Antonio García Higuera
Miembro del equipo de Psicoterapeutas.com

Fuente: psicoterapeutas.com

Cómo nos influyen las expectativas de otros

Nuestras creencias afectan directamente a la realidad que construimos, pero también los pensamientos de los demás fabrican una imagen de nosotros mismos

El poder de nuestras creencias y expectativas influye en las personas que nos rodean. El concepto que tenemos de nosotros mismos se ha ido creando influido por las perspectivas y las imágenes que han tenido y tienen los demás. En nuestra niñez crecimos influidos por nuestros padres. También los maestros y los compañeros que tuvimos en la escuela, y hasta nuestros amigos, han influido a la hora de crear nuestra imagen. Somos, en gran medida, lo que los demás esperan que seamos. Esto tiene repercusiones tanto a nivel personal como en el ámbito laboral, en el escolar, social y familiar, y pueden ser productivas o contraproducentes. Conocer cómo funciona este efecto, llamado Pigmalión, nos ayudará a ser conscientes de cómo influimos unos en otros con nuestras miradas y expectativas.

En el ámbito educativo, la imagen o expectativas que tiene el educador en relación al alumnado influye en el comportamiento de este. Cuando damos responsabilidad a los estudiantes, cuando confiamos en ellos, les enseñamos a creer en ellos mismos. Las expectativas del docente constituyen uno de los factores más influyentes en el rendimiento escolar de sus estudiantes.

“Se ha demostrado, tanto en el aula como en el laboratorio”, afirma el profesor David Cooperrider, “que los maestros que tienen imágenes muy positivas de sus estudiantes tienden a ofrecerles: un mayor soporte emocional (Rist, 1970; Rubovitz y Maechr, 1973); una retroalimentación más clara, más inmediata y más positiva en cuanto a efecto y desempeño (Weinstein, 1976; Cooper, 1979), y mejores oportunidades para desempeñarse y aprender materias con más alto contenido de reto (Brophy y Good, 1974; Swann y Snyder, 1980)”.

“La profecía de un suceso lleva al suceso de la profecía”

Paul Watzlawick

 

En el ámbito de la empresa, el efecto Pigmalión se da cuando un directivo tiene una imagen formada de sus colaboradores y los trata según ella. El colaborador la percibe aunque el jefe no se la comunique. Cuando es positiva, todo va bien; pero cuando es negativa, ocurre lo contrario. Desafortunadamente tenemos la costumbre de formarnos ideas negativas de las personas que nos rodean: nos fijamos más en sus fallos y en sus errores, y menos en sus talentos y virtudes. Con lo cual proyectamos imágenes negativas que dificultan nuestra comunicación y provocan que a la persona le sea más difícil expresarse con naturalidad y desde su talento, haciéndolo desde sus inseguridades y temores.

Cuando alguien proyecta una imagen negativa, afecta a nuestra capacidad de comunicarnos abiertamente. Más bien dudamos, nos bloqueamos y la comunicación no fluye. Cuando la comunicación está encallada, debido a las imágenes negativas formadas de unos y otros, podemos buscar preguntas que faciliten un cambio de visión. ¿Qué ha hecho bien esta persona en el último año? Recuerde un momento en que logró algo, o un momento en el que expresó una de sus cualidades. Piense en aquello mejor de ella, en lo que le da vida, en su núcleo vital positivo.

Si nos centramos en ese potencial, en lo que nos motiva, en lo mejor de cada uno, desbloqueamos situaciones encalladas. Aprender a desarrollar la capacidad afirmativa, la de reconocer y apreciar los logros de los demás, nos ayuda en este proceso. Es la habilidad de ver lo que otros son capaces de hacer y fortalecerlos para que lo hagan. Es también reconocer nuestros logros y fortalecer nuestras capacidades.

Para cambiar podemos centrarnos en lo que no va bien, en lo erróneo, y minimizarlo, o bien centrarnos en lo que va bien, lo correcto, y maximizarlo. La capacidad afirmativa se centra en esta segunda opción, que está demostrado que presenta el doble de efectividad.

Veamos cómo podemos aplicar la capacidad afirmativa en nuestras relaciones. Si tenemos la tendencia de fijarnos en los errores y fallos del otro, nos desesperamos. La imagen del error del otro hace sentir rabia y las expectativas son negativas, esperando lo peor. Pero con esa actitud solo condiciono a que se repita el mismo patrón de conducta. En cambio, si vemos lo mejor de las personas con quienes interactuamos y nos centramos en imágenes positivas de los demás, expresaremos lo mejor de nosotros mismos y avanzaremos en mantener relaciones saludables.

“La expectativa o la realidad anticipada del médico influye en la recuperación del paciente. Parece que el efecto placebo es más fuerte cuando la creencia en la efectividad del tratamiento es compartida en un grupo”.

O’Regan, 1983

 

Cuando la imagen que nos hemos formado de otra persona es positiva, esta imagen nos sirve como un radar que aumenta nuestra capacidad de percibir los éxitos del otro, nos ayuda a recordar los aspectos positivos en lugar de los negativos, y cuando las situaciones son ambiguas, tomamos en cuenta las posibilidades positivas en lugar de las negativas. “Es bastante posible que la capacidad afirmativa de sintonizar a nivel cognitivo con los aspectos más positivos de otro ser humano sea, en realidad, una capacidad humana extraordinaria”, afirma Cooperrider.

Atraemos hacia nosotros aquello que deseamos o rechazamos según el poder de nuestras expectativas y creencias. Pongamos atención a los miedos que tenemos porque atraemos hacia nosotros aquello que tememos. Si tiene miedo a equivocarse, tiene muchas más probabilidades de equivocarse. Del mismo modo, prestemos atención a lo que creemos, puesto que nuestras creencias influyen directamente en la realidad que vivimos. Si cree que no podrá, será cierto y no podrá. Si cree que podrá, también será cierto y podrá. A esto se le denomina la profecía autocumplida, una expectativa que incita a las personas a actuar de formas que hacen que lo que esperan se convierta en realidad.

En definitiva, se trata de prestar atención a las imágenes que nos hemos formado de las personas con quienes convivimos o trabajamos, cómo han influido en las creencias y expectativas que tenemos de ellas y de qué manera esto afecta a nuestra conducta para con ellos y la realidad que construimos. Es decir, que si la imagen que nos hemos formado del otro es negativa, estamos precondicionados.

Naturalmente, hay que atreverse a cambiar nuestra imagen negativa, por ejemplo de alguien cercano, para comprobar que funciona y que marca una gran diferencia en nuestras vidas. Procuremos ver alguna de sus virtudes, cualidades o talentos. Fortalezcamos una imagen positiva. Si lo creemos, funcionará. Porque el poder de nuestras creencias influye directamente en la realidad que construimos.

 

Artículo recuperado de internet

Autor: Miriam Subirana

Fuente: El País

La comunicación como práctica

“Ocuparse de la comunicación es asumir una posición conscientemente crítica frente a los problemas que se suscitan en la empresa”, señala Cristian Williman, comunicador social y responsable de departamento de comunicación y contenidos de CoachReady. Este artículo plantea la importancia de asumir mayor compromiso con la comunicación

La comunicación es la base constitutiva de la vida en sociedad. Esta representa una dimensión del complejo sistema conectivo que permite el funcionamiento de toda organización humana y su desenvolvimiento en un entorno. Comprendido desde una perspectiva interpretativa, cabe destacar que todo comportamiento de las personas tiene un valor comunicativo y, por lo tanto, en cualquier tipo de interacción se establece una comunicación.

Entendiendo que las empresas son pequeñas comunidades en las que sus integrantes coordinan acciones con un propósito determinado, resulta estratégicamente importante atender a la calidad de las interacciones que se llevan a cabo entre las personas para realizar su tarea, ya que influye en los distintos aspectos de la organización, sea desde el desempeño individual hasta el clima laboral en general y, por lo tanto, también tiene efecto en los resultados.

En otras palabras, ocuparse de la comunicación es asumir una posición conscientemente crítica frente a los problemas que se suscitan en la empresa. Implica facilitar el diálogo para la reflexión. No se trata de implementar más canales de comunicación, newsletters, carteleras, reuniones de área, etc., pues esta visión instrumental pone énfasis en la pregunta sobre qué hacer para comunicar con mayor efectividad, cuando lo que deberíamos pensar es qué comunicación permite lograr más efectividad.

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Emoción y comunicación

“Toda conducta humana puede pensarse como una forma de comunicación con dos componentes distintivos: los contenidos lingüísticos y el aspecto relacional”, señala la Dra. Valeria Guaira en este trabajo de investigación que profundiza en el aspecto relacional considerado como el transporte emocional de la comunicación.

En los últimos años, ha habido una revolución en el estudio de la emoción. Nuestras emociones -amor, miedo, enojo, deseo- le dan color y significado a la vida. Son indispensables cualquiera sea el objetivo que tengamos para nuestra vida. El desarreglo emocional lleva a un dolor vital profundo y al sentimiento de incapacidad en muchas enfermedades mentales.

Toda conducta humana puede pensarse como una forma de comunicación con dos componentes distintivos: los contenidos lingüísticos y el aspecto relacional. Los aspectos lingüísticos hacen referencia al significado de lo que se comunica mientras que el aspecto relacional hace referencia a la manera en que esa comunicación se emite y puede ser considerado como el transporte emocional de la comunicación. Sobre estos aspectos emocionales se tratará de profundizar en el presente trabajo.

Para el logro de la eficacia comunicativa es necesario poseer lo que diversos autores han denominado competencia emocional, que se refiere a la capacidad de cumplir con eficacia objetivos adaptativos en situaciones de excitación emocional [35].

Entre las competencias emocionales necesarias para el funcionamiento adaptativo, se encuentran la capacidad para percibir las emociones con precisión, la capacidad de usar la emoción para facilitar el pensamiento, así como la comprensión y el manejo emocional [1]. Saarni [35] ha enumerado una serie de habilidades de la competencia emocional:

-Capacidad para darse cuenta del estado emocional, incluyendo la posibilidad de ser concientes de que se están experimentando múltiples emociones simultáneas, así como, darse cuenta de que es posible no ser conciente de algunos sentimientos debido a dinámicas inconscientes o a inatención selectiva.

-Habilidad para discernir las emociones de otros, basándose en la situación y las pistas expresivas que tienen cierto grado de consenso cultural en relación a su significado emocional.

-Habilidad para usar el vocabulario y expresión de la emoción comúnmente disponibles en la (sub)cultura de uno.

-Capacidad para la comprensión empática de las experiencias emocionales de otro.

-Habilidad para darse cuenta de que el estado emocional interno puede no corresponderse con la expresión externa, tanto en uno mismo como en los demás así como la habilidad para entender que la conducta emocional que se expresa puede tener impacto en otro y tenerlo en cuenta en el desarrollo de las estrategias de presentación frente a los demás.

-Capacidad para afrontar adaptativamente las emociones aversivas o displacenteras usando estrategias de auto- regulación que disminuyan la intensidad o la duración temporal de esos estados emocionales (por ejemplo, la resistencia al estrés).

-Capacidad para darse cuenta de que la estructura o naturaleza de las relaciones está definida en gran parte por la forma en que se comunican las emociones dentro de la relación, como por ejemplo el grado de inmediatez emocional o la autenticidad en la exhibición emocional, así como el grado reciprocidad y simetría emocional dentro de la relación; así, la intimidad madura está en parte definida por la capacidad de compartir mutua y recíprocamente emociones genuinas, mientras que en una relación padre- hijo puede haber asimetría cuando se comparten emociones genuinas.

-Capacidad de autoeficacia emocional, por la cual la persona se ve a sí mismo sintiendo emocionalmente como desea. La autoeficacia emocional significa que uno acepta su experiencia emocional, tanto única y excéntrica como culturalmente aceptada y que esta aceptación está alineada con las creencias del individuo acerca de lo que es el balance emocional deseable; en esencia, el individuo que demuestra autoeficacia emocional vive de acuerdo a una teoría personal y al propio sentido moral.

La adquisición de las competencias emocionales adecuadas, se manifiesta en la capacidad para expresar, controlar y regular la emoción. La expresión emocional ajustada es aquella que coordina los distintos canales de comunicación emocional (verbal, conductual, facial y vocal) para trasmitir una emoción dada. El control emocional está en relación a la inhibición o postergación de la respuesta emocional impulsiva. La regulación emocional consiste en poner en práctica estrategias comportamentales, cognitivas, atencionales y fisiológicas para eliminar, mantener o cambiar la experiencia emocional, para adecuar la emoción al momento y contexto adecuado para expresar dicha emoción. Estos tres aspectos de la comunicación emocional deben funcionar armónicamente para que la emoción cumpla con su función adaptativa [8].

Cabe tener en cuenta que hasta el momento, la mayor parte de los trabajos de investigación e intervención en educación emocional y social han ido dirigidos a niños y jóvenes, por la importancia esencial de estas etapas evolutivas en la consolidación de las estructuras de funcionamiento neuropsicológico y social, así como en la prevención de problemas psicológicos futuros. Se han realizado estudios [28,9] que sugieren que los niños aprenden a regular las emociones dentro de la familia y que repiten este estilo de regulación emocional en sus relaciones interpersonales fuera de la familia. Es por ello que resulta fundamental conocer no sólo cómo se van adquiriendo estos procesos a lo largo del desarrollo, sino también cómo se dan en aquellos adultos que interactúan con un niño.

Igualmente, hay que considerar que las personas adultas podrían beneficiarse de programas de intervención, ya que éstos suponen una oportunidad tanto para aprender competencias que nunca llegaron a adquirirse por diferentes razones, como para potenciar o mejorar competencias adquiridas pero no desarrolladas adecuadamente [23]. Esta propuesta cobra particular importancia si se tiene en cuenta que durante la etapa adulta se producen múltiples cambios a nivel neurofisiológico, neurocognitivo y social. Por ello, es importante que la persona cuente con recursos para prevenir algunos de estos cambios y prepararse para afrontar o adaptarse a la mayoría de ellos. Diversos estudios han encontrado cambios en aspectos emocionales, tales como la optimización del afecto y la complejidad del mismo, la intensidad emocional o el uso de diferentes estrategias de regulación emocional [23].

Si bien se están realizando cada vez más trabajos a nivel mundial en relación a las emociones, muchos de los mismos se están trabajando con neuroimágenes. Dado la dificultad para poder llevar a cabo este tipo de estudios en Argentina es que se pensó construir una prueba psicométrica que permita hacer inferencias acerca del funcionamiento tanto conductual como neurocognitivo del adulto, y establecer relaciones entre las emociones y otras funciones cognitivas que hacen a la conducta adaptativa de la persona frente a distintas situaciones. Esta modalidad hace posible evaluar el modo de funcionamiento emocional, sin con ello pretender suplantar otras evaluaciones diagnósticas, sino complementarlas.

Comunicación Humana

“La relación entre el ser y el habla es el pan de cada día de todos los que queremos diseñar futuros que superan el presente”, dice Ray Dalton, Coach Senior de CoachReady, en este artículo donde reflexiona sobre los aspectos ontológicos, lingüísticos y creativos de la comunicación humana.

“¿Ser o no ser?”, según el Hamlet de Shakespeare es la pregunta que ha de ser contestada.  Alguien como Sartre respondería “Si.” quizás mareando a Hamlet por el resto de su soliloquio. Un elenco interesante de interlocutores pediría que aclarara la pregunta ofreciendo significados para las palabras ser, no y el signo de interrogación.  Entre estos mismos interlocutores se encontrarían los charlatanes que no quieren ni una respuesta, ni siquiera una conversación y los que indagan con sinceridad para que haya una conversación creativa.  Y allí otro desafío, el de conversar con creatividad.

Se trata de la pregunta por el ser formulada en palabras humanas, una cuestión ontológica y lingüística cuya respuesta siempre es, consciente o inconscientemente ontológica además de lingüística!  Se trata de lo que subyace en nuestra condición humana – este “algo” que es, a la vez anterior a todo y más allá de todo, o sea, el “ser” y “no ser” que son los presupuestos ontológicos.  Aparecerán con claridad en cuanto alguien se anime a preguntar por ellos, en cuanto alguien formule y arregle las palabras que los convocan.

¿Y la ontología?

Leibniz, en su única mención del término, describió ontología como la ciencia de algo y de nada, del ser y del no-ser, de la cosa y la modalidad de la cosa.  Para Kant la ontología es una filosofía trascendental, el sistema de todas nuestras cogniciones a priori, efectivamente una epistemología que abraza todo concepto puro del proceso de saber y todos los principios del saber y de la razón. Es lo que está operante en el acto de generación del saber.  Cuando Bateson habla de epistemología como el conjunto de reglas a través de las cuales construimos nuestra experiencia, está en la misma vecindad. Todos, con distintos grados de conciencia, proceden de las palabras usadas por Aristóteles para comenzar el cuarto libro de su Metafísica: “ser se dice de distintas maneras”.  Todos nos ofrecen, y particularmente al coach, la fundamentación para todo proceso creativo que, a través de la comunicación, participa en la generación, desde la presencia permanente de lo posible, de nuevas historias.

La relación entre el ser y el habla es el pan de cada día de todos los que queremos diseñar futuros que superan el presente. Por supuesto se trata no de un uso frívolo de la palabra sino de una palabra “integral” o una palabra que encarnamos a través nuestras historias de vida. Así es que nuestra comunicación no es un traspaso de significados sino una coordinación de iniciativas donde el código no es meramente lingüístico sino profundamente moral.  Esta verdad llevó, por ejemplo, a personas como Heidegger a plantear la diferencia entre habladurías y habla, o sea, entre un discurso que forma parte de una conducta poco original y un discurso que forma parte de un auténtico proyecto, un real generarse a sí mismo desde sí mismo.

En este contexto, no particular de Heidegger, ni original en que lo encontramos en muchos autores anteriores, las palabras humanas reciben una importancia suprema.  Representan las cogniciones que constituyen mundos.  Provienen de las reglas que delimitan nuestros mundos y son los elementos constitutivos de estas mismas reglas en un giro lingüístico – socio – cultural que nos llevan al habla que cada uno de nosotros “está siendo” en todo momento.  Ontología entonces tiene que ver con lo fundamental en términos de los significados humanos.  Incluye los presupuestos sobre los cuales pisamos cuando elaboramos nuestras pretensiones cognitivas y sus correspondientes acciones.  Lenguaje es semiosis, o sea, el proceso de generación de palabras humanas, con todo lo que esto implica, neurofisiológica, psicológica y socio-culturalmente.

“Comunicación Creativa”  – una frase posiblemente tramposa.

Creamos el mundo con nuestro accionar lingüístico, con nuestras interpretaciones y relatos, y con la capacidad que nos proporciona el lenguaje para coordinar acciones con los demás.  Los seres humanos somos, eminentemente, seres lingüísticos.  El lenguaje pasa a ser lo que hace de los seres humanos el tipo particular de seres que somos.  Es la clave para comprender los fenómenos humanos.  Elaboramos quiénes somos a través de él.  Siendo seres sociales nuestro lenguaje es generativo, o sea, el lenguaje no sólo nos permite hablar «sobre» las cosas sino que hace que ellas sucedan. El lenguaje, por lo tanto, es acción. Es generativo o creativo en que crea realidades humanas. Así es que la pregunta más importante no es si el lenguaje es creativo o no, sino que estamos creando a través de nuestro lenguaje. El arte de interpretación es la manera en que los seres humanos nos creamos a nosotros mismos en el lenguaje y a través de él.  Al decir lo que decimos y al decirlo de un modo y no de otro, o callando cosa alguna, abrimos o cerramos posibilidades para nosotros mismos y para otros.  A partir de lo que dijimos o se nos dijo, a partir de lo que callamos, a partir de lo que escuchamos o no escuchamos de otros, nuestra realidad futura se moldea en un sentido o en otro. Así es que nosotros forjamos nuestra identidad y la del mundo en que vivimos a través del lenguaje.

Entonces no hay comunicación que no sea creativa. Toda acción comunicativa genera cambios en nuestros mundos interiores y en nuestros entornos, en la calidad de nuestros vínculos y en todo resultado que podemos medir empíricamente.  Lo que puede ser modificado es el grado de conciencia nuestra con respecto a lo que ocurre en la comunicación nuestra, algo que no es sola o meramente un acontecimiento cognitivo sino más bien un desafío moral.  Conciencia genera opciones, opciones la necesidad de elegir y elecciones generan carácter y costumbre.  Nuestra comunicación genera y sostiene una versión de nuestra posibilidad de ser.

La precisión en el habla promueve o fomenta precisión en el razonamiento, como consecuencia, imprecisión en el habla fomenta imprecisión en el razonamiento y, como consecuencia, imprecisión en la estructura social, económica, jurídica y política.  Quizás las pruebas más claras o contundentes de esta aserción incluyen los niños criados por o entre animales.  El discurso de un individuo y de un grupo o comunidad es el generador y el sostén de la estructura compleja adaptativa que es nuestra realidad socio-cultural.  El  mensaje de Babel es claro.  Si hay confusión en el lenguaje todo decae, todo se destruye.

A todo uso confundidor y, posiblemente ingenuo o perezoso, de lenguaje impreciso (con todas las consecuencias ya mencionadas) sumamos las observaciones o predicciones de George Orwell cuando presenta un mundo elaborado o generado por un uso consciente y premeditado de un discurso impreciso y eufemístico.  El mundo que en el libro “1984” anunció y su terrorífico cumplimiento por parte de personas como Himmler ilustran el lado oscuro del habla.  Su premisa es clara.  Si sustituimos discurso recto y honorable por términos que explican de manera distorsionada, inflamatoria y peyorativa, abrimos la puerta a todo tipo de malestar.

De esta manera “ofrecer trabajo” pasa a significar “explotar”, “anunciar huelga” pasa a ser “promover inestabilidad social”, pedir que un alumno recurse una materia pasa a ser discriminación sexista, racista o religiosa y genocidio pasa a ser limpieza de una raza (racial cleansing).  Este último está entre los que más repulsión genera.  Auchwitz entonces era un “centro de limpieza”.  Mejor no confundirnos. Esto es “comunicación creativa” o, en otros términos, una sustitución lingüística intencionada que es el malestar más grande de cualquier tiempo.  Las consecuencias de la pérdida inconsciente  o el abandono consciente de precisión semántica, sintáctica y pragmática demuestran nuestra dependencia sobre nuestro lenguaje.  Cuando Orwell presenta un estado donde “Libertad es Esclavitud”, “La guerra es la paz.” y “La vida es la muerte.”, no exagera.  Ya lo hemos observado en ámbitos “derechos y humanos”.

Tomemos otro ejemplo. La palabra adicción es otra que abarca a una multiplicidad de significados.  Es una cuestión compleja hasta que punto debe ser aplicada a personas que miran “demasiada” televisión o Internet, tienen “demasiadas” relaciones sexuales (¿Soy adicto a mi esposa?  ¿Debo frenarme antes de cruzar la línea de peligro?) o lean demasiado libros.  Es interesante observar que un estudiante responsable y entusiasmado dentro de cualquier carrera o profesión será adicto según ciertas “definiciones” por el hecho sencillo de la cantidad de tiempo que lee y el hecho de que se gratifique leyendo.  La posibilidad de que esté en un proceso fascinante y creativo de aprendizaje tendrá que ceder entonces frente al diagnóstico de adicción.

Coordinación de significados y coordinación de acciones.

Volvemos al papel central de lenguaje en la coordinación de significados y de acciones.  Ya que el desafío de estas coordinaciones es eminentemente ético quizás podemos encontrar un sencillo rumbo en una oferta de Aristóteles quien propuso iniciativas humanas motivadas por lo que llamaba homofilia, un amor hacia el semejante que se ofrece como medio y fin de la comunicación y de la convivencia humana.   Así podemos especificar el gran valor de una comunicación creativa amorosa como camino a contextos morales elevados.     Lo “bueno” entonces proviene de un amor que la comunicación creativa amorosa puede promover.    El futuro está colgado de las conversaciones que tendrán que elaborar este camino ético humano.

Bibliografía.

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Ray Dalton

Profesor y Licenciado en Filosofía y Teología, egresado de la Universidad Pontificia de St. Patrick, Maynooth, Irlanda y de la Universidad Pontificia Gregoriana, Roma, Italia. Se encuentra doctorando en Psicología de la Universidad de Palermo. Es Counselor, Coach (ICP), Logoterapeuta, Arteterapeuta con Master en Psicología Analítica y Consultor Filosófico (APPA) certificado por Dr. Lou Marinoff. Ha completado estudios de Postgrado en Psicología Sistémica, Psicología Cognitiva y Terapia de Familia. Fue declarado Master Coach Profesional por la Asociación Argentina de Profesionales de Coaching.