Este es el momento Conoce más

Monthly Archives

mayo 2016

Las habilidades para la vida

Mucho de lo que se dice en este video podría extrapolarse al mundo de las empresas, y ayudar a entender –quizá- como el modelo de aprendizaje está afectando el desarrollo del potencial de las personas. Disfruta esta exquisita entrevista a René Diekstra, profesor de Psicología de la Universidad de Utrecht

Diálogo entre cerebro y corazón

Para que se produzcan procesamientos veloces cuando tomamos decisiones basados en nuestra intuición es fundamental la comunicación entre el corazón y el cerebro, un «matrimonio» que muchas veces la historia quiso separar pero que la ciencia nos enseña lo íntimamente relacionados que están.

Las emociones surgen de una interacción constante entre ambos. Imaginemos la siguiente situación: estamos caminando y de repente desembocamos en un callejón oscuro. Seguramente comenzaremos a sentir los latidos del corazón, el cerebro rápidamente registra lo que está pasando tanto en nuestro cuerpo (el corazón que late) como a su alrededor (un callejón que nos recuerda una película de terror). En esta intersección entre lo que sucede, cómo reacciona el cuerpo (porque no olvidemos que además empezamos a transpirar, nuestra tensión arterial aumenta, etc.) y cómo el cerebro registra todo esto surge la emoción que nos incita a salir corriendo hacia el otro lado. Y todo eso ocurrió en milésimas de segundo, tan rápido que ni siquiera llegamos a ver que, del otro lado del callejón, estaba uno de nuestros amigos esperándonos y que nada malo iba a pasar. ¿Qué sucede si esta comunicación entre el corazón y el cerebro se ve de alguna manera alterada?

En un estudio realizado por el Laboratorio de Psicología Experimental y Neurociencias (LPEN) de INECO y de la Universidad Favaloro, con los investigadores Agustín Ibáñez, Roberto Favaloro, Blas Couto y Lucas Sedeño, realizamos un estudio en un paciente en espera para un trasplante cuyo corazón no funcionaba correctamente y se mantenía vivo gracias a un aparato externo que hacía las veces de corazón. Por su problema cardíaco, existía una falla en la comunicación entre el corazón y el cerebro. Es más: la bomba externa que lo mantenía con vida interfería en el registro de sus sensaciones corporales. En este contexto, evaluamos distintos aspectos del procesamiento emocional del paciente.

Así descubrimos que las fallas en esta comunicación entre el corazón y el cerebro le provocaba dificultades para reconocer correctamente las emociones de los demás o incluso para sentir empatía. Y lo más impactante: esta dificultad para procesar las emociones se relacionaba con su forma de tomar decisiones intuitivas. Más allá de que cognitivamente no tenía severas dificultades, esta incapacidad para seguir sus corazonadas afectaba la toma de decisiones en contextos de incertidumbre o cuando tenía que actuar a gran velocidad. Esto demuestra cómo secretamente las sensaciones de nuestro cuerpo están detrás de nuestras intuiciones. Y eso de la corazonada, que muchas veces fue entendido como metáfora, está mucho más próximo a la literalidad

Autor: Facundo Manes
Fuente: La Nación
Artículo recuperado de internet

“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”

Howard Gardner es un prominente neurocientífico estadounidense, psicólogo, profesor de Harvard y autor de la teoría de las inteligencias múltiples. Ha recibido innumerables reconocimientos por su trabajo entre ellos el Premio Príncipe de Asturias. Lo entrevistó el diario La Vanguardia de España sobre sus teorías y sus concluyentes planteamientos invitan a la reflexión

“Aprender es el único antídoto contra la vejez y yo lo tomo cada día en Harvard con mis alumnos. Es tonto clasificar a los humanos en listos y tontos, porque cada uno de nosotros es único e inclasificable”, sostiene.

– ¿Por qué cuestiona que la inteligencia es lo que miden los test?
– Porque yo soy un científico y hago experimentos y, cuando mido la inteligencia de las personas, descubro que algunas son muy buenas solucionando problemas pero malas explicándolos. Y a otras les pasa lo contrario.

– ¿Y si hay personas diversas es porque también tiene que haber diversos talentos?
– Por eso he dedicado 400 páginas a describir siete tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal.

– ¿Y por qué no muchas más: la culinaria o la mística o la teatral o la ecológica?
– Porque no cumplen los requisitos que sí cumplen esas. Y espero acabar demostrando que además hay una inteligencia naturalista, otra pedagógica y otra existencial para plantearnos preguntas trascendentes. Pero no más.

– Hoy los colegios ya plantean sus programas según esas inteligencias múltiples.
– Y yo no me dirigía a los pedagogos, pero fueron ellos los primeros que adoptaron mis teorías.

– Hay siete tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, musical, espacial, cinético-corporal, interpersonal e intrapersonal. ¿Por qué?
– Porque comprobaban cada día en las aulas que las categorías de tonto o listo no cubren la diversidad del talento humano. Y, por tanto, que los tests de inteligencia no miden realmente nuestras capacidades, sino sólo la de resolverlos.

– Su teoría, además, era cómoda para consolar a niños con malas notas y a sus papás.
– Se abusó de ella al principio porque no se comprendió bien. En Australia, la administración la manipuló para explicar que había grupos étnicos que tenían inteligencias diferentes de otros.

En ese punto, empecé también a preguntarme por la ética de la inteligencia y por qué personas consideradas triunfadoras y geniales en la política, las finanzas, la ciencia, la medicina u otros campos hacían cosas malas para todos y, a menudo, ni siquiera buenas para ellas mismas.

– Esa ya es una pregunta filosófica.
– Pero yo soy un científico e inicié un experimento en Harvard, el Goodwork Project, para el que entrevisté a más de 1.200 individuos.

– ¿Por qué hay excelentes profesionales que son malas personas?
– Descubrimos que no los hay. En realidad, las malas personas no pueden ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes.
Lo que hemos comprobado es que los mejores profesionales son siempre E CE: excelentes, comprometidos y éticos.

– ¿No puedes ser excelente como profesional pero un mal bicho como persona?
– No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética.

– Para hacerte rico, a menudo estorba.
– Pero sin principios éticos puedes llegar a ser rico, sí, o técnicamente bueno, pero no excelente.

– Resulta tranquilizador saberlo.
– Hoy no tanto, porque también hemos descubierto que los jóvenes aceptan la necesidad de ética, pero no al iniciar la carrera, porque creen que sin dar codazos no triunfarán. Ven la ética como el lujo de quienes ya han logrado el éxito.

– “Señor, hazme casto, pero no ahora”.
– Como san Agustín, en efecto. Otra mirada estrecha lleva a estudiantes y profesionales comodones a ser lo que consideramos inerciales, es decir, a dejarse llevar por la inercia social e ir a la universidad, porque es lo que toca tras la secundaria; y a trabajar, porque es lo que toca tras la universidad…, pero sin darlo todo nunca.

– Sin ilusión, la vida se queda en obligación.
– Y otros son transaccional es: en clase cumplen lo mínimo y sólo estudian por el título; y después en su trabajo cumplen lo justo por el sueldo, pero sin interesarse de verdad limitan su interés y dedicación. Y son mediocres en todo.

– ¿No descubren algún día de su vida algo que les interese realmente?
– Algunos no, y es uno de los motivos de las grandes crisis de la madurez, cuando se dan cuenta de que no hay una segunda juventud. Otra causa es la falta de estudios humanísticos: Filosofía, Literatura, Historia del Pensamiento…

– ¡Qué alegría! Alguien las cree necesarias…
– Puedes vivir sin filosofía, pero peor. En un experimento con ingenieros del MIT descubrimos que quienes no habían estudiado humanidades, cuando llegaban a los 40 y 50, eran más propensos a sufrir crisis y depresiones.

– ¿Por qué?
– Porque las ingenierías y estudios tecnológicos acaban dándote una sensación de control sobre tu vida en el fondo irreal: sólo te concentras en lo que tiene solución y en las preguntas con respuesta. Y durante años las hallas. Pero, cuando con la madurez descubres que en realidad es imposible controlarlo todo, te desorientas.

– ¿En qué país influyó más su teoría de las inteligencias múltiples?
– En China editaron cientos de títulos sobre inteligencias, pero las entendieron a su modo: querían que su hijo único fuera el mejor en todas.

– Pues no se trata exactamente de eso.
– Cada sociedad y persona entiende lo que quiere entender. Cuanto mayor te haces, más difícil es adaptar tu vida a un descubrimiento y más fácil adaptar el descubrimiento a lo que ya creías que era la vida. Por eso, voy a clase a desaprender de mí y aprender de los jóvenes.

Ninguna persona es mejor ni peor que otra. Ni tampoco igual a otra. Lo que nos hace humanos es que cada uno de nosotros es único. Así que ríase, con la neurociencia, de quien diga que alguien es más listo que otro: ¿listo para qué? Cualquier talento no es sino capacidad de adaptación al entorno: inteligencia. Por eso, Gardner sostiene que hay más de una. Y ahí no acaba nuestra diversidad: cada cultura y cada persona entiende esa teoría –todas las teorías– a su manera. Manera, además, que varía con la edad: cuanto más envejeces, más difícil te resulta adaptar tu vida a las nuevas ideas y menos adaptarlas cómodamente a tu modo de vivir sin variarlo. Por eso, creer saber envejece y querer saber rejuvenece.

 

Artículo recuperado de internet
Fuente: La Vanguadia