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marzo 2015

¿Usted es victima o protagonista?

Reaccionar no está ni bien ni mal, según el doctor Daniel Sidelski. Sin embargo, esto nos saca de foco y genera resultados muy poco efectivos. Desde esta lógica uno no tiene nada que ver con los problemas; todas sus dificultades, desgracias y mala suerte son culpa de alguien que no hizo lo que debía

La cultura occidental se halla anclada en tres paradigmas básicos: tener razón, objetividad -esto es que hay una única verdad- y deber ser. Para la víctima lo más importante para ser exitoso en la vida consiste en tener razón. ¿Se imagina cuánta energía desperdiciada en innumerables oportunidades sólo para ganar una conversación? Ser víctima significa preferir ser inocente a ser efectivo. No asumir la responsabilidad de nuestros actos, encontrar siempre un culpable por lo que nos pasa. El problema es que es una actitud totalmente inconsciente, porque si le preguntamos a alguien qué prefiere, seguramente nos dirá que prefiere ser efectivo.

Para la víctima, ser objetivo significa que hay una única verdad, no considera que existe la posibilidad de que otra propuesta también pueda ser útil para lo que se quiere lograr. Lo que en el fondo manifiesta es: Yo te voy a decir cómo son las cosas; tomá nota, porque esto es así y si vos pensás algo diferente es porque estás equivocado y encima no te das cuenta . La consecuencia inevitable de esta manera de ver el mundo es que transformamos nuestras discrepancias en agresiones, y, por consiguiente, se torna muy difícil trabajar en grupo o convivir armónicamente.

En cuanto al deber ser, la víctima está firmemente instalada en la creencia de que las demás personas, y los acontecimientos, deberían comportarse de esa única verdad que sólo ella puede ver. Que el mundo cambie para estar mejor; el mundo, no nosotros.

Para el protagonista, más importante que tener razón es ser efectivo. Y ser efectivo es conseguir lo que se está buscando. Cree que existen tantas verdades como

personas, y cuando está en una conversación en la que otra persona opina diferente evalúa si algo de lo que el otro dice puede resultar de utilidad para su vida. Como consecuencia, transforma las diferencias en oportunidades para crecer y profundizar las relaciones, contribuye a crear un clima de encuentro y colabora en vez de confrontar.

El protagonista vive el deber ser, como un querer ser. En cambio la víctima se niega a elegir, trata de parecerse lo más posible a un modelo impuesto. El protagonista, por su parte, se pregunta: ¿cómo quiero ser yo? Se reinventa, piensa que puede ser distinto. Toma contacto con sus valores y tiene presente en su conciencia qué es importante y esto pasa a ser su norte.

Autor: Sidelsky, Daniel. Médico psiquiatra y coach
Artículo recuperado de internet.

Lecciones de supervivencia para el management

Las respuestas de recompensa o amenaza influyen en las capacidades de quienes forman parte de una organización y en la productividad de la misma.

Los ambientes laborales son percibidos por los cerebros de quienes lo conforman como un sistema social que garantiza o no la supervivencia, vista desde lo más primitivo de nuestro ser. El dolor que produce un ambiente laboral estresante e inseguro, produce serias disminuciones en la productividad, creatividad, compromiso y capacidad de acción de las personas.

Nuestro cerebro evalúa los estímulos provenientes del mundo exterior, a través de las fuerzas placer dolor, formadas en nuestra memoria genética y cultural.

En nuestros orígenes, estas dos fuerzas placer (circuito de recompensa), dolor (circuito de amenaza), despertaban un circuito neuronal para acercarnos y alejarnos de los peligros del mundo natural, por ejemplo un movimiento extraño activaba el circuito de amenaza, poniéndonos en alerta y a la defensiva.

Pero como vive el homo sapiens actual, la llegada de un nuevo jefe o compañero al lugar de trabajo, del mismo modo que una sombra moviéndose en la oscuridad, como un posible peligro que activa la fuerza dolor y con ella comportamientos defensivos.

Antonio Damasio, Joseph Ledoux, Evian Gordon y muchos otros neurocientíficos, presentan como los instintos y emociones son los primeros en evaluar un estímulo y los primeros en actuar ante ellos, un mecanismo excelente que nos garantizo la supervivencia.

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Nuevas investigaciones, han demostrado que en situaciones sociales, como lo es el ámbito laboral, se activa mucho más la respuesta de amenaza, que tiende a ser más intensa y duradera que la de recompensa.

Esto se debe a que pertenecer a un grupo ha sido en nuestros comienzos una amplia garantía de supervivencia, que activa la fuerza placer, por ello cualquier factor nuevo o desequilibrante, activa la fuerza dolor informándonos que estamos ante un posible peligro de perder nuestro lugar en el grupo, lo que nos lleva a poner nuestra atención en ello y a prepararnos para un posible ataque.

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De esto se desprende que las nuevas situaciones, incorporaciones y otras novedades, deben ser tratadas con cuidado dentro de las organizaciones para no activar la fuerza dolor y la sensación de amenaza.

La conducta de alerta y posible peligro, activa la amígdala cerebral y sus posibles respuestas de ataque, huida y, en su forma extrema, en el “secuestro de la amígdala”, llamado así porque se despierta de pronto una respuesta emocional arrolladora, que todos hemos sentido y vivido en algún momento o varios de nuestras vidas.

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Los nuevos hallazgos de las neurociencias hacen que el management, deba reformular algunas de sus acciones, poniendo atención en el papel de los impulsores sociales y su influencia sobre la conducta.

Maslow, ubicaba en el medio de las necesidades sociales, pero los trabajos científicos actuales muestran que el cerebro humano percibe las necesidades sociales como garantía de su supervivencia, al punto de que el hambre como la exclusión active una respuesta neural similar.

Cuando la UCCM (unidad cuerpo cerebro mente), vive una situación como amenazante, disminuye de un modo muy alto su eficacia y productividad, esto se debe a que el organismo al estar preparado para enfrentar un posible peligro, debe consumir oxígeno y glucosa de la sangre, dejando a las áreas más elevadas del cerebro con el mínimo suministro.

Esto hace que disminuya la memoria, atención, pensamiento analítico, creatividad, toma de decisiones, prevención y resolución de problemas entre muchas otras capacidades y habilidades, dejando a la persona sin los recursos internos del cerebro, afectando su salud y con ello también a la empresa.

Los líderes deben comprender muy bien la importancia de las fuerzas placer-dolor y cuidar a sus equipos para que no estén en una constante situación de amenaza, incluso si éstas situaciones son reiteradas o algo común a su estilo de conducción, aun en situaciones de tranquilidad el cerebro de los empleados se mantendrá en alerta, disminuyendo la calidad de sus acciones cada vez más y aumentando los conflictos e inconvenientes.

Si el líder no puede comprender y gestionar las necesidades emocionales y sociales que den seguridad formará con su equipo un círculo vicioso de errores insalvables.

Buscar que la gente se sienta bien, comunicar con claridad las necesidades, asegurar acompañamiento en el crecimiento y desarrollo de las habilidades, trato justo y equitativo, son algunas de las acciones que despiertan la fuerza placer y la respuesta de recompensa.

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El cerebro se ve bañando por neurotransmisores del placer y la seguridad (dopamina y serotonina) que activan el núcleo Accumbens, centro del placer del cerebro y llegan hasta

los lóbulos prefrontales, lo que lo lleva a no ver como enemigos a los otros, se siente parte del equipo, un grupo que le da sensación de pertenencia y garantía de supervivencia, de esta manera se despliega todo su potencial y el máximo sus funciones cognitivas y ejecutivas a favor de sí mismo y del crecimiento, efectividad y productividad para la organización.

Entender al cerebro social y emocional y como este influye en los comportamientos, capacidades y eficacia de las personas, contribuye notablemente para que los líderes implementen cambios organizacionales a gran escala a favor de las personas y de la empresa.

Autora: Nse. Marita Castro. Los aportes de las Neurociencias y Neurosicoeducación al Management
Fuente: Asociación Educar
Articulo recuperado de internet

El cerebro emocional: ¿porqué me pasa siempre lo mismo?

Vivir en el presente es un constante desafío que requiere abandonar las “adicciones” emocionales y pasar a la acción consciente, la acción más pequeña vale más que la intención más grande. ¿Es posible la influencia del cerebro consciente en la neuroprogramación del subconsciente?

Es cierto que las emociones y el instinto biológico son muy fuertes y condicionan muchas de nuestras conductas automáticas, incluso con todos los avances neurocientíficos y las avanzadas técnicas de la ciencia del desarrollo personal hay muchísima gente que aun dice “No puedo cambiar, conmigo no hay nada que hacer”

La experiencia demuestra que nuestro cerebro puede aprender nuevas habilidades y comportamientos a cualquier edad y cambiar totalmente su programación si logramos conectar con la mente consciente, es precisamente lo que buscan los profesionales que trabajan en coaching y neurociencias, llegar a esos niveles de consciencia donde la persona sepa como orientar su vida de una forma más ordenada y vaya programándose basado en el logro.

¿Renunciar a nuestras emociones “negativas” de siempre? ¿Lograr nuestros mejores potenciales y resultados? ¿Superar nuestros miedos? ¿Mejorar lo que ya somos? ¿Relacionarnos mejor? todo eso es posible a través del cerebro consciente especialmente el lóbulo frontal, el director ejecutivo responsable de la voluntad, la planificación, la capacidad de enfocarse, la estrategia intencional y la visualización, es esa parte del cerebro la que logra reprogramar al cerebro emocional, quien finalmente es responsable de nuestras respuestas automáticas.

¿Por qué no somos capaces de conectar con esa parte del cerebro que tiene tanto poder? Desde el cerebro consciente se producen unos pensamientos generados por la percepción del entorno y por nuestro dialogo interno, esos pensamientos a través de la ley de la repetición y de la asociación programan la mente subconsciente ó cerebro emocional en forma de emociones, sentimientos, creencias y paradigmas, la forma en la que vemos el mundo, y ese cerebro emocional se manifiesta a través del cuerpo por medio de comportamientos y acciones que finalmente producen unos resultados positivos ó negativos. Si nuestros objetivos siempre fueran claros, positivos y de crecimiento no habría ningún problema, porque los pensamientos conscientes programarían el cerebro emocional de manera adecuada y lograríamos todo lo que nos proponemos.

La mayoría de las personas reaccionan basándose en los resultados y los factores externos, llámese sucesos, personas, cosas ó situaciones, y como estos resultados no son positivos entonces los pensamientos derivados de esos resultados no van a ser los mejores, van programando el cerebro emocional y luego se manifiestan a través del cuerpo en forma de acciones y comportamientos negativos produciendo más resultados negativos. Por lo general el ciclo se repite y esos resultados negativos iguales ó peores que los anteriores producen más pensamientos negativos que de nuevo programan y refuerzan los que ya habían y así van pasando los días, los meses y los años produciendo los mismos resultados, incluso volviéndose automáticos, hasta que llega un punto donde nos preguntamos ¿Por qué me pasa siempre lo mismo? Es evidente que ante este tipo ciclos mentales las metas, objetivos y acciones se pierden, vemos cada vez más limitaciones, pensamos que no tenemos nada que hacer “Supuestamente”

¿Se puede romper el patrón? Por supuesto, acá entran disciplinas como la psicología, el coaching, la neurociencia, la programación neurolingüística o todas combinadas de alguna forma a través de terapias personalizadas, cursos y talleres, donde se busca romper ese ciclo repetitivo que nos hace perder tanto tiempo sin darnos cuenta dado que se nos ha vuelto costumbre estar mal.

Es normal que produzcamos resultados negativos, caer es permitido pero levantarse es un deber para hacerle honor al potencial ilimitado del cerebro, la idea es romper ese ciclo repetitivo y escoger conscientemente resultados diferentes para cambiar nuestra vida, la programación mental de nuestro cerebro y mejorar para despertar esos niveles de consciencia y lograr grandes resultados.

Cuando conscientemente logramos plantear nuevas formas de ver las cosas, asumir retos, metas, objetivos dignos de superación y crecimiento, organizar nuestras ideas y cambiar a pensamientos positivos, el cerebro emocional y su química logra cambios increíbles, el dialogo interno mejora a la luz de nuestra nueva forma de ver el mundo y somos más orientados al logro, los paradigmas y creencias cambian, por lo tanto entramos en una reprogramación total de nuestras reacciones automáticas que se manifiestan a través de nuestro cuerpo en forma de comportamientos y acciones que finalmente producen resultados positivos mucho más gratificantes.

¿Cómo lo hacemos?
Existen diversas formas, muchas disciplinas y libros que plantean muchas cosas interesantes, acá va en términos generales un esquema común a muchos procesos:

1. Se recomienda identificar exactamente y con sinceridad la situación limitante que queremos resolver, si no logras hacerlo busca ayuda de un profesional que te oriente.

2. Procura identificar las palabras que usas al referirte a los demás y a ti mismo, si hay mucha negatividad intenta modificar ese patrón de manera consciente.

3. Ya identificada la situación limitante procurar hacer un paralelo de ventajas y desventajas de continuar en esa situación limitante, para lograr elevar los niveles de consciencia.

4. Plantéate varias alternativas de solución para superar la situación limitante con lo que tienes en tu mente hasta ahora.

5. Elige la alternativa de solución que más te guste y sobretodo que se adapte a tu esencia, luego trata de convertirla en un objetivo orientado al logro y con el cual puedas comprometerte.

6. Observa los resultados de lo que logras para que lo sigas haciendo e incluso mejorándolo y también observa tus fracasos para conscientemente cambies tu forma de hacer las cosas y beneficiarte cada vez mas de tus acciones.

“Ciertamente el significado de las palabras radica en los actos en los que se manifiestan, sin la acción todo es vida pensada pero no vida vivida”

Daniel Sánchez.
Fuente: Cerebro en práctica
Artículo recuperado de internet