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Cambiar el enfoque para ser entendido

Cambiar el enfoque para ser entendido

“La buena comunicación es tan estimulante como el café negro,
e igual de difícil de olvidar al dormir”

Anne Morrow Lindbergh

 

En la comunicación interpersonal es importante no sólo lo que decimos, sino cómo lo decimos. De la expresión efectiva y respetuosa depende la forma en que los demás reciban o respondan al mensaje que les transmitimos, ya sea que deseemos aclarar, informar o solicitar algo.

Es común que señalemos, acusemos o nos quejemos de la actitud del otro cuando deseamos hacer una aclaración sobre algo que consideramos molesto, doloroso o injusto: “Eres un egoísta porque no me ayudas en las tareas de la casa”. Como quizás ya has descubierto, este modelo de comunicación provoca que tu interlocutor se ponga a la defensiva, que se cree mayor tensión y que se dificulte encontrar una solución al problema. Esto debido a que calificas en su totalidad al otro al referirte a cómo es y no a su comportamiento; el foco de atención está en él/ella; emites una acusación global de falta de generosidad, lo que muy probablemente sea falso.

En un modelo diferente de comunicación, el enfoque está en yo, en lugar de tú. Consiste en hablar de tus pensamientos, sentimientos y preferencias. En el patrón de comunicación que aquí te sugerimos, la atención cambia del otro a ti. Hacer este simple cambio te garantiza una expresión auténtica, directa y personal, sin reacciones defensivas por parte de tu interlocutor. Pruébalo, no tienes nada que perder.

Describe la situación tan objetivamente como te sea posible.

Esto quiere decir hablar del asunto, recurriendo a lo tangible: lo que ves y escuchas. Por ejemplo, “Veo que cuando te pido que recojas tu ropa del piso, contestas agresivamente”, “Me doy cuenta de que cada vez que te entrego un reporte haces una mueca y no me dices nada” o “He notado que cuando te pido que hablemos sobre nuestra relación, cambias de tema”. Se trata de describir las conductas, evitando hacer interpretaciones de lo acontecido. Así, reduces la probabilidad de que tu interlocutor se ponga a la defensiva.

Nota cómo cada una de estas frases comienzan con una referencia a lo que tú ves, notas u oyes. “Aprendamos a decir las cosas con presteza, claramente, de forma sencilla y con una determinación serena: hablemos poco, pero con claridad; no digamos más que lo que es estrictamente necesario”, solía decir Emile Coué, el famoso psicólogo precursor de la hipnosis como tratamiento psicológico.

Expresa tus emociones.

La siguiente fase consiste en manifestar tus emociones ante el comportamiento del otro. Nuevamente, hazlo en primera persona: “Me enojo cuando contestas con agresión, si te pido que recojas tu ropa del piso, porque imagino que crees que no deberías hacerlo”, “Si cada vez que te entrego un reporte haces una mueca y no me dices nada, me siento inseguro de mi trabajo” o “Me entristezco cuando cambias de tema si quiero hablar sobre nuestra relación, porque imagino que no te interesa solucionar nuestros problemas”. Procura que la emoción expresada sea lo más básica posible: enojo, tristeza, vergüenza, alegría, miedo.

Menciona cómo te gustaría que fueran las cosas.

No hagas una petición, sólo comunícale al otro cómo quisieras que actuara. Nuevamente, el énfasis es en la conducta: “Me gustaría que recogieras tu ropa del piso sin que deba pedírtelo yo”, “Preferiría que me dijeras clara y directamente qué piensas de los reportes que te entrego, en lugar de hacer muecas” o “Quisiera que tomaras en cuenta mi necesidad de hablar de nosotros, que estuvieras abierto a escucharme y a dialogar”

La referencia debe ser a cómo te gustaría, preferirías o quisieras que actuara tu interlocutor. Evita hacer reclamaciones, pues cambian el foco de ti a él/ella y sólo provocan que se ponga a la defensiva.

Haz una propuesta.

No impongas ni exijas, mejor sugiere: “¿Qué te parece si hacemos una lista de las cosas que le corresponde hacer a cada uno y la tenemos a la vista para recordarla”, “Te propongo que mantengamos una comunicación constante para asegurarnos de un buen resultado en mis reportes” o “¿Creo que sería una buena idea tomarnos una tarde de la semana para estar tranquilos y platicar sobre nosotros, quizás en un café o un parque”.

Sugiere una solución, sin imponer ni exigir. Así, tienes una mayor probabilidad de que tome en cuenta tu idea de solución. A partir de tu propuesta puede comenzar la negociación para encontrar una salida a eso que encuentras molesto, doloroso o injusto.

Este es un modelo a seguir y, como tal, representa un ideal. Ten en mente estas cuatro fases, sin importar lo accidentada que pueda resultar la conversación. He atestiguado la efectividad de este modelo de comunicación. El enfoque está en exteriorizar tus observaciones, emociones y deseos, de la manera aquí descrita. Si a otros les ha resultado, ¿por qué no habría de servirte también a ti?

Autor: Víctor Jiménez. Psicólogo del área clínica por la UNAM, con Maestría en Psicoterapia Gestalt por la Universidad Gestalt de América
Fuente: eluniversal.com
Artículo recuperado de internet